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1 de Octubre de 2007
UN PROYECTO PARA RECUPERAR EL FÚTBOL INFANTIL
Volver al potrero.
La iniciativa tiene por objetivo, entre otras cosas, prevenir el maltrato,
recuperar los clubes de barrio para que los niños dejen de estar en la calle
y apoyar la creación de nuevas instituciones deportivas - Por Miguel Barredo
"Volver al Potrero, una excusa para proteger a los niños del maltrato y
asegurar la satisfacción de sus necesidades básicas”
Volver al Potrero es un proyecto ideado por el docente y actual dirigente
del club infantil Juan XXIII, Ricardo Castello, y tiene entre sus principales
objetivos, crear un movimiento nacional para recuperar el fútbol como
“juego”, prevenir el maltrato infantil y juvenil que se da en ese deporte;
recuperar espacios verdes, clubes barriales, instituciones sociales, para
que los niños dejen de estar en la calle y apoyar la creación de nuevas
instituciones deportivas.
Para su puesta en marcha, el ideólogo pide la cooperación de los distintos
estamentos de los gobiernos, pero fundamentalmente de la participación de
toda la sociedad.
“Volver al Potrero, una excusa para proteger a los niños del maltrato y
asegurar la satisfacción de sus necesidades básicas”, ese es eslogan que
Castello eligió para difundir su propuesta.
“Elaboré este proyecto con la autoridad que estoy seguro tener, porque
me avalan más de 35 años de trabajo e investigación en los campos
educativos y deportivos, contó ante 30N.
El proyecto busca también motivar a la sociedad y a los gobernantes de turno,
para crear una institución oficial o una ONG, donde se puedan canalizar en
forma directa denuncias relacionadas con agresiones, maltratos y abusos
psicofísicos contra los niños y adolescentes en los ámbitos donde practican
deportes, especialmente fútbol.
“Si no se ataca esta forma de maltrato infantil aceptado y encubierto,
se seguirán formando hoy a los agresores y asesinos de mañana”,
manifiesta convencido el especialista.
La idea es también que estas actividades estén manejadas por personal
idóneo, que cada club pueda contar con psicólogos, profesores de educación
física, alguien que los asesore en materia de nutrición, primeros auxilios,
drogadicción y educación sexual.
En la iniciativa también se habla de exigir serias revisaciones médicas
obligatorias a través de entes de salud municipal, provincial o nacional.
Se pide por la realización de análisis bioquímicos, cardiológicos y neurológicos.
En Rosario, en el estadio municipal a los chicos deportistas les realizaban
exhaustivos estudios de salud, pero inexplicablemente desde 1997 se
dejaron de hacer, sin que nadie explicara el por qué.
“Para hacer realidad este sueño es necesario, entre tantas otras cosas, la
presencia del Estado. Con ese aporte se podrá trabajar en cuestiones como:
anexar comedores a cada club o institución social, para que cada niño
pueda recibir la ración diaria de alimentos que necesita para crecer con
salud, los medicamentos cuando esté enfermo y la atención rápida y
necesaria para prevenir enfermedades”, resalta Castello.
Algunos fundamentos
Castello apoyó su idea en tres fundamentos básicos: la influencia de los
padres y familiares a través del tiempo, la relación inversa entre la
educación formal y el fútbol como herramienta para ganar dinero, y la
incapacidad, negligencia y deshonestidad de dirigentes, técnicos y
coordinadores de fútbol infantil y divisiones inferiores.
“Trabajar correctamente en estos tres puntos nos servirá para poder
salvar al fútbol grande de la ciudad”, pronosticó el docente.
En lo que tiene que ver con la conducta de los padres, el dirigente de Juan
XXIII recuerda que desde 1900 hasta fines de los ‘60, el mayor porcentaje de
los niños jugaba en las calles, en los pocos clubes barriales y en los terrenos
baldíos. A fines de los ‘60 son pocos los padres que acompañan a los chicos
a jugar a los clubes. El jugador de fútbol de primera división tiene buenos
sueldos, pero inferiores a los ingresos de obreros calificados, empresarios,
profesionales y técnicos especializados.
En la década del ‘70 comienza la masiva venta de jugadores argentinos al
exterior, y ahí es cuando comienza el cambio de mentalidad. Los padres
presionan porque esperan salvarse económicamente con sus hijos. Esto trae
como consecuencia un fútbol infantil altamente competitivo y comercial donde
los niños terminan siendo el blanco de todas las ansiedades, los traumas y las
frustraciones de los adultos.
“En nuestro país, la mayoría de sus habitantes apoyaron políticas cuyos
objetivos básicos fueron, entre otros, la destrucción del sistema educativo,
el desprecio por el conocimiento, el ataque sistemático, desde todos los
sectores de los distintos gobiernos de turno, a la investigación científica y
técnica, la instrumentación de políticas de exclusión social, cerrando
empresas y fábricas. Esto, aunque parezca increíble, hizo que la mayoría de
la sociedad buscara la magia del fútbol para ganar mucho dinero. Pero claro,
no todos tienen la posibilidad de triunfar y es así como muchos buscan en sus
hijo futbolista la salvación económica de toda la familia”, analizó.
Es un secreto a voces que las inferiores de los clubes de la ciudad se transformaron
en un gran negocio para pocos. Llueven las denuncias de casos en que los técnicos
les piden dinero a los padres para asegurarles el debut de sus hijos en primera
división, sin que nadie mueva un dedo. En este sentido, Castello propone
impulsar “una propuesta seria y absolutamente efectiva, que, seguramente,
en poco tiempo revelará resultados sorprendentes, y obligará a canalizar toda
la energía, apostando a que los infantiles sean los mejores preparados, tanto
física como psicológicamente, para volver a llevar a los clubes rosarinos a los
primeros lugares en las competencias nacionales”.
No bajar los brazos
Si hay alguien en el mundo del fútbol infantil que sabe de no bajar los brazos, ese
es Ricardo Castello. Este docente, que llegó a la dirección técnica a la edad de
13 años, fue el mentor de la resistencia del club Juan XXIII cuando se intentó
erradicarlo compulsivamente de la zona oeste de la ciudad para que la Empresa
Provincial de la Energía (EPE) instale allí una estación transformadora.
“Los terrenos que ocupaba Juan XXIII, eran y son municipales”, recuerda
Castello. “En el año 1981, el proceso militar nos desalojó de Pellegrini al 3200
y nos cedió un cuarto de manzana en la misma avenida pero al 4200, donde
se levantaron dos canchas de baby fútbol, y cruzando la calle, al 4300, se
construyó la cancha profesional con vestuarios, un quincho y un el buffet.
Todo se hizo a pulmón, con aportes de particulares, empresas, dirigentes y
amigos del club. La Municipalidad nos dejó en la calle y se desentendió del
problema. Los dos terrenos eran campos, hubo que empezar a construir
desde la nada”.
Cuando todo parecía encaminado para la institución barrial, en diciembre de 2004
el Concejo Municipal aprobó la cesión de los terrenos donde está el baby al gobierno
provincial a cambio de otros situados en la zona sur, para levantar una Subestación
Distribuidora de Energía Eléctrica y una plaza.
Fue así que a principios de 2005 Juan XXIII recibió la notificación de desalojo y les
ofrecen unos terrenos en la zona noroeste detrás de conocido supermercado de
capitales franceses por Avenida Circunvalación.
La oferta es rechaza por considerar que el traslado ocasionaría tremendo daño a
los chicos que diariamente concurren al club. “Para nosotros era como
abandonar a nuestros pibes. ¿Qué chico del barrio iba a tener la
posibilidad de cruzar toda la ciudad para ir a practicar? Para nosotros esa
propuesta era absolutamente inviable”, recordó.
Sin embargo, a fuerza de marchas (de la que participaron los chicos), de cortar
calle Pellegrini para realizar un entrenamiento a cielo abierto, como ellos lo
llamaron, de golpear puertas y de instalar el tema en los medios de comunicación,
lograron revertir la historia.
Después de tanto luchar llegó la solución: se entregaron los terrenos de las canchas
de baby para que se levante la subestación de energía. Además, la Municipalidad
se encuentra subsidiando las reformas en la cancha grande donde se están
levantando, a su vez, tres canchas chicas, dos de 7 y una de 9 jugadores. En tanto,
la de 11 jugadores profesional se está levantando sólo a 7 cuadras de las otras,
en 27 de Febrero al 4200. De esa manera se pudo evitar lo que tanto temían: ser
víctimas del desarraigo.
Claro que Castello no estuvo solo en esa lucha. Mariela Lago y Néstor
Villagra fueron los primeros en embarcase en ese desafío, pese a que ninguno
de los tres eran dirigentes del club.
Fuente: 30N
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