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10 de Septiembre de 2008
Del amateurismo al profesionalismo a la máxima expresión
Que el fútbol dejó de ser solamente un deporte no es noticia y mucho menos
que ha perdido su espíritu amateur. Sin embargo, hay cuestiones que se
pasan por alto gracias a la vorágine del calendario futbolero internacional.

Desde hace algunos años, las ligas más importantes del mundo y los dos torneos
continentales de Sudamérica, llevan en su nomenclatura oficial, el nombre de su
máximo auspiciante.
Apertura Gillette Presobarba Excel, Copa Santander Libertadores y Barclays Premier
League, en Inglaterra, por citar algunos casos. En nuestro país el fenómeno comenzó
a darse en la temporada 97/98 cuando los campeonatos locales pasaron a llamarse
Pepsi Apertura y Clausura.
La multinacional acordó con la AFA el pago de un millón de dólares por cada campeonato,
repartido entre los 20 equipos, con medio millón para el campeón, 300 mil para el
subcampeón y 200 mil para el tercero.
En 2006, la posta la tomó Gillette, para rebautizar a los torneos Gillette Prestobarba Excel.
Las cifras para esta nueva etapa se incrementaron y las arcas de la entidad conducida
por Julio Grondona, encontraron una nueva fuente de alimentación.
Pero Argentina no fue el precursor de esta modalidad y tampoco el último en
implementarla.
El 27 de Mayo de 1992 varios equipos de la primera división inglesa renunciaron a la
Liga de Fútbol (Football League) y la FA Premier League fue registrada coma entidad
privada, una empresa que mantiene su centro de operaciones en el ceno de la
Federación de Fútbol, (La FA).
La Premier League seria económicamente independiente de la FA, lo que permitiría
negociar a su propia discreción los contratos de patrocinio y derechos de televisión.
Esto también significaba que la estructura de la Football Association de 104 años de
antigüedad debería ser cambiada.
En este caso, la firma la puso Barclays Personal Banking, una empresa financiera de
tierras inglesas.
En España, a partir de esta temporada, la Liga de Fútbol Profesional incorporó al Banco
Francés como su sponsor y rebautizó a su liga como la Liga BBVA.
Vale recordar que a principios de la década del ’80 la final intercontinental (entre el
campeón de la Libertadores y la Copa de Campeones de Europa) abandonó el formato
de partidos de ida y vuelta de local y visitante para jugarse a un solo partido en Tokio,
Japón.
El motivo: Toyota se sumó al gran negocio futbolero y gracias a la fortuna que puso
sobre la mesa, la final se mudó a tierras niponas con fortunas en premios y un auto para
el MVP del partido.
Destinos parecidos corrieron la Copa Libertadores y la joven Copa Sudamericana, con
empresas como el Banco Santander, Nissan y otra vez Toyota.
La lista es enorme, igual que la cantidad de dólares y euros que se mueven en torno a
la pelotita. Pelotita que ha dejado su inocencia amateur para transformarse en uno de
los tres negocios más grandes del mundo.
El fútbol tiene permanentemente el cartel de "Se vende" sobre sí. Oferentes no le faltarán.
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