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16 de Julio de 2007

Si servía hasta ayer, no puede ser inútil para mañana.

(Daniel Arcucci-La Nación)


Si alguien se preguntaba, todavía, hasta dónde podía influir ese virus
futbolero sin nombre científico conocido genéricamente como "el riesgo
de acostumbrarse a perder", después de este nuevo festejo frustrado
puede aproximarse a una respuesta
.

 


Si alguien se preguntaba, todavía, para qué servía llevar aVenezuela 2007 a
futbolistas que están entre los mejores por su presente pero, naturalmente, no
llegarán a Sudáfrica 2010, en las espaldas anchas (y estigmatizadas) de los
más expertos encontrará espacio suficiente para volcar culpas.

A partir de los dos cuestionamientos, y de sus respectivas respuestas, es posible
explicarse algunas cosas.

Por ejemplo, cómo la selección de Basile terminó goleada por el más argentino
de los equipos brasileños de la historia reciente, lleno de mañas y más pragmático
que bonito.

Por ejemplo, cuáles pueden ser las consecuencias para el futuro de esa selección
de Basile, la más brasileña de las selecciones argentinas en una rápida lectura
de su conformación.

En cuanto a lo primero, a la corporización de las carencias que a lo largo de la
Copa habían sido apenas insinuaciones en medio de fantásticas actuaciones,
habría que agregarle los fantasmas, que transformaron a Maracaibo 2007 en una
parada más de la seguidilla fatídica: Marsella 98, Miyagi 2002, Lima 2004,
Francfort 2005, Berlín 2006. Finales (sí, finales) de equipos argentinos que con
más o menos merecimientos, con matices y distintas propuestas, merecían coronar
lo hecho con un resultado positivo.

En cuanto a lo segundo, está claro que el peso de la derrota no lo llevarán ni Messi,
ni Mascherano, ni Tevez, ni ninguno de aquellos que tienen más Mundiales por
delante que por detrás: hubieran cargado con esa mochila de no compartir el
plantel con aquellos que ya no los vivirán.

Derrotas como ésta, y como varias de aquéllas, obligan a salir en búsqueda
desesperada de razones. Y no siempre las hay, como no existen las verdades
absolutas. Se ha perdido con todos los sistemas y las propuestas imaginables. Y
éstas, las actuales, no tienen por qué perder validez ahora.

Si hasta el domingo la libertad para los jugadores, dentro y fuera de la cancha, era
un factor de triunfo, no puede ser a ahora un factor de derrota. Si los cambios que
había propuesto Basile reflejaban "sentido común futbolístico", no pueden
transformarse en "obvios y previsibles". Si Messi era el posible heredero de Maradona
y Riquelme el mejor de América, no pueden dejar de serlo.

El dolor de una derrota brutal empaña la brillantez de los hecho antes, cómo no,
pero no tiene por qué invalidar el camino elegido.

Link permanente: Diario La Nación

       

 

 

 
 
 

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