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26 de Agosto de 2008
Balanza en baja
Los dos oros y los cuatro bronces equiparan la cosecha de Atenas 2004,
pero la realidad de nuestro deporte ofrece falencias de base.

Estoy contento. No cualquiera llega a un Juego Olímpico". La frase, conformista, salió
de boca de más de un deportista argentino después de una salida rápida en
eliminatoria, una derrota en alguna lucha, algún resbalón que fue caída o una carrera
en la que llegaron muy atrás. No es casualidad y tiene bastante de causalidad.
Argentina es un país deportivo en el que una pelota genera pasiones insuperables,
pero sin inversión ni proyectos a largo plazo. Se buscan resultados mañana, pero
no los hay si no tuviste un ayer o un hoy programado. El deporte no es una isla en
el país y así pasa en educación, salud y lo que a usted se le ocurra.
No falta materia prima y siempre aparece una Paula Pareto que es tapa de diarios
dos días. Su historia llega hasta los programas de cocina pero después queda en el
olvido hasta que se hacen resúmenes de año nuevo. También emociona un Juan
Curuchet, que a los 43 años y rompiéndose el lomo, gana una prueba durísima con
Walter Pérez, que puede ser uno de la guía pero la rompe arriba de la bicicleta.
Los dos oros y los cuatro bronces equiparan la cosecha de medallas de Atenas, y
la primera lectura es que la situación sigue igual. ¿Está bien? ¿Está mal? Está bien y
mal, todo en el mismo envase.
Sería erróneo incluir al fútbol y al básquet en esta bolsa porque sus bolsas no tienen
nada que ver con las olimpíadas, el tiempo de preparación entre Juego y Juego. A
ambos deportes los seduce el oro, pero llegan por caminos independientes a los
demás. ¿O se puede comparar a Messi con el esgrimista González Viaggio? ¿O a
Ginóbili con el nadador Andrés González? ¿O a cualquier jugador de esos planteles
con un judoca o un remero? Incluso la dupla Lange-Espínola y Las Leonas, aun
inferiores en presupuesto, se asemejan más al fútbol y al básquet que al resto por
una cuestión de apoyos privados y el trabajo de un equipo muy fuerte.
Las historias de los deportistas amateurs, ésas que son carne de opinión pública
cada cuatro años, tienen que ver con las becas atrasadas, lamentos por no tener
un gimnasio adecuado o que falla un calefón (Bardach dixit). Los profesionales
tienen espíritu amateur por las ganas de superarse pero se mueven en cunas
distintas.
El tema tiene tantas aristas que se podría escribir un libro, pero acá y ahora, surge
una pregunta para los padres que mandan a sus hijos a escuelas estatales.
¿Cuántos deportes practican esos niños en el lugar donde aprenden? Es necesario
ir a un privado para que haya una decena. También hay una cuestión de masividad.
Un torneo intercountries de fútbol seguramente junte más gente que un campeonato
nacional de lucha, de esgrima o gimnasia artística.
Por eso nada es casual y la resultadista palabra fracaso aparece ante cada porrazo
en distintas rondas iniciales de un Juego Olímpico. "Ahora ya pienso en Londres. A
eso apunto". La frase, esperanzadora, salió de las mismas bocas que la primera.
Y está bien, porque la esperanza es lo último que se pierde.
Fuente: Diario Deportivo Ole
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