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8 de Febrero de 2008
No sólo de fútbol vive el hombre.
Por Beatriz Sarlo
¿Alguien sueña con pedirse el día para ver un torneo de tenis por tevé?
No, porque la gran mayoría futbolera discrimina a otras minorías deportivas.
La semana pasada hice una propuesta acerca de los contenidos didácticos que, para
tranquilizar la conciencia de las autoridades educativas y asegurar la paz en las escuelas,
podrían repartirse a los chicos antes de que se sentaran a mirar por televisión los partidos
de fútbol que jugará la celeste y blanca. Pero seguí pensando en el asunto y me saltó a
los ojos la injusticia que se comete con los aficionados a otros deportes. Sé que el fútbol
televisado es global y compararlo con otros deportes es incorrecto en términos cuantitativos.
Los norteamericanos podrán seguir considerando que un domingo de febrero, cuando se
juega el Superbowl, la fecha es tan importante como el Día de Acción de Gracias. Pero,
incluso allí, en el país del fútbol americano, nuestro fútbol ya está pisándole los talones.
Tampoco quisiera discutir cual será el deporte favorito del planeta en el siglo XXI,
sino referirme a los sufrimientos de las “minorías deportivas” cuyos derechos no son
respetados como los de las mayorías futboleras. Los espectadores que forman parte de
las “minorías deportivas” son cruelmente discriminados, porque tienen otra orientación
deportiva y han construido su identidad de un modo diferente al mainstream. Pocos parecen
darse cuenta de que los sentimientos de los espectadores de las minorías deportivas
deben ser tan respetados como los de cualquier otra minoría. Se podrá decir que las minorías
deportivas son prácticamente residuales, pero eso no liquida la cuestión de la igualdad
de derechos entre minorías y mayorías.
Por ejemplo, ¿con qué razonamientos podrá el director de una escuela convencer a dos chicos
dedicados al atletismo que no pueden mirar el segundo salto de la tesonera garrochista
argentina en los próximos Juegos Olímpicos, aunque ese evento se superponga con las horas
de clase? ¿Qué injusticia privará a los niños nadadores de seguir las pruebas olímpicas, y
quedar condenados a ver una repetición televisiva incierta puesto que no se trata de un
partido de fútbol protagonizado por la albiceleste? ¿Quién podrá amonestar a un adolescente
que no hizo los deberes porque juega al rugby y la noche anterior se transmitió una final
mundial con los Pumas? Estas inclinaciones minoritarias hacia deportes también minoritarios
tienen hoy menos derechos que las opciones mayoritarias por el deporte rey.
Sin ir más lejos, mañana comienza Roland Garros, torneo que ganó un argentino y en el que
fueron finalistas otros dos en el último par de años. Allí estarán las mejores raquetas de
este país. Por la diferencia horaria con Francia, los partidos suelen transmitirse a la mañana.
Me pregunto cuántas horas desesperadas tiene por delante la minoría de niños y adolescentes
fanáticos del tenis (que, como Roland Garros, incluye a mujeres y varones). ¿Ha previsto
el Ministerio de Educación que se respeten los derechos y sentimientos patrióticos de estos
niños, ya que en esa primera semana habrá partidos donde participarán argentinas y argentinos?
El mítico Wimbledon también se juega en horarios que se superponen con los horarios
matutinos. No sé si las autoridades educativas van a indicar que las escuelas respeten el
derecho de tres o cuatro chicos, no importa cuántos sean porque se trata de derechos y
estos deben ser pensados de modo universal, a mirar un octavos de final donde, si Dios
quiere, estará presente una raqueta argentina. Como este año Wimbledon se superpone con
el Mundial, ¿se contemplará la posibilidad de que la escuela alquile un televisor extra para
no reprimir el derecho de la minoría de chicos aficionados a un deporte no masivo? Y, de paso,
a mí y a otros trabajadores, haciendo la vista gorda, ¿nos darán las mañanas libres?
No hay antecedentes, hasta ahora, pero ello significa que los chicos que forman las mayorías
del fútbol reciben un tratamiento mejor que las minorías de la garrocha, el estilo pecho o el
tenis. Se podrá objetar que el Mundial de Fútbol sucede cada cuatro años y, en cambio, los
torneos de tenis son anuales. Habrá que sentarse a negociar un código de convivencia: son
muchos menos chicos los del tenis, se podría autorizar un solo torneo por año, etcétera.
El fútbol, en casi todo el mundo, ha tenido la potencia de convertirse en causa nacional,
algo que no han alcanzado otros deportes. En una época de lealtades débiles y de causas
colectivas enclenques, de solidaridad precaria con compatriotas que sufren y con extranjeros
que son hostigados, de ensimismamiento en el propio nicho social, el fútbol ofrece el único
momento propicio para que resurja un sentimiento colectivo. Podrá ser inevitable, pero no
es necesariamente bueno, excepto para la industria de la televisión y otras máquinas
económicas globales.
Como no se puede hacer mucho, la modesta iniciativa que presento es que se igualen todos
los derechos de todas las aficiones deportivas.
Fuente: Diario Clarín
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