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7 de Noviembre de 2008
Las estructuras deportivas actuales y la misión de renovarlas
Cuando se analiza el desarrollo del deporte en nuestro país, normalmente se visualiza
la consecución de logros en el plano internacional, y se tiende a emitir juicios sobre la
mayor o menor capacidad de los dirigentes y sobre el grado de asistencia que el Estado
ha brindado para la obtención o no de los éxitos en discusión, normalmente no se
profundiza en el análisis de las estructuras que sustentan el deporte y si están
preparadas para el logro de este tipo de éxitos que se reclaman.
Las estructuras deportivas (clubes) del país fueron creadas para sustentar la práctica
de un deporte formativo con una competencia limitada. Muchos logros deportivos
internacionales fueron conseguidos por la aparición de figuras descollantes de los
clubes que los posibilitaron, en un marco donde el deporte internacional no se había
desarrollado todavía como eminentemente competitivo.
Muchas de estas estructuras tienen un peso cultural muy importante que no es fácil
adaptar a nuevos objetivos, por esto los dirigentes conducen organizaciones pensadas
para un fin determinado y dirigidas hoy, por exigencias del medio donde se
desenvuelven, hacia otros destinos. Clubes pensados para una competencia recreativa
formativa se encuentran lidiando con las exigencias de una competencia de alto
nivel competitivo.
Uno de los componentes básicos de la práctica de un deporte es la existencia de la
competencia, entendiendo esta como el encuentro donde se muestra el avance
realizado en el conocimiento y dominio de la disciplina, y donde se crece social y
culturalmente por la relación con los otros deportistas. Este crecimiento social y
cultural es el logro más importante que ha posibilitado el deporte pues, es el que
perdura más en el tiempo, y tiene un peso preponderante en la formación humana
del joven deportista, centro y objetivo de la práctica deportiva.
Como consecuencia de la necesidad de lugares de reunión y de práctica deportiva se
crearon los Clubes y a continuación ante la necesidad de institucionalizar la
competencia, los Clubes se organizaron en Asociaciones que conducían esta
competencia y tenía además como misión principal, la de fomentar la práctica
del deporte que dio origen a su fundación, cumpliendo esta función los dirigentes
asociativos introducían la práctica de la disciplina en otros clubes y los invitaban a
formar parte de esta Asociación, ampliando así la competencia y la participación
social en la práctica de este deporte específico.
El crecimiento organizativo siguió adelante; las Asociaciones, que normalmente
estaban asentadas o ligadas a una ciudad, se agruparon y formaron las Federaciones,
a las que podemos ligar a una provincia, estas Federaciones se organizaron en
Confederaciones que pasaron a regir el desarrollo del deporte en todo el territorio
del país y por supuesto estas Confederaciones participaban en los organismos que
con distintos nombres rigen el deporte continental y mundial.
Tanto las Federaciones como las Confederaciones tenían los mismos objetivos que
las Asociaciones, organizar la competencia en las ciudades, provincias y torneos
nacionales, además de promover el deporte en todos los ámbitos bajo su
responsabilidad. Los dirigentes deportivos se iniciaban en la actividad
fundamentalmente por una vocación de servicio y un placer por la conducción
de la práctica deportiva, desarrollando en los clubes sus aptitudes innatas de
conducción y de creación, dedicando gran parte de su tiempo a esta actividad
solidaria y que los llenaba de satisfacción a pesar del esfuerzo que les demandaba.
Con la aparición de las distintas estructuras deportivas que se crean, a los dirigentes
deportivos se les abrió la posibilidad de hacer un carrera ascendente es este mundo
del deporte, de dirigentes de club pasaban a ser dirigentes asociativos, federativos,
confederados y algunos llegaron a sillones de los organismos mundiales. Las amplias
satisfacciones desde el punto de vista del prestigio y de las relaciones que se iban
ofreciendo y obteniendo en los distintos estamentos o estructuras constituyeron un
aliciente importante para realizar esta carrera.
La presencia de nuevos participantes en el espectro deportivo, la televisión y su
inseparable socio, la sponzorización, han modificado drásticamente todo el desarrollo
del deporte, han cambiado los objetivos y provocado graves crisis en las estructuras
deportivas que no están preparadas ni pensadas para esta nueva industria que es la
comercialización del deporte.
Los Dirigentes ahora son dueños de un producto que se ofrece y comercializa en plaza,
las Federaciones venden la presencia de sus selecciones, los Clubes venden su
participación, los deportes adaptan sus reglas a las necesidades de la televisión, las
cifras en dinero que se manejan asustan a cualquiera y hacen olvidar las actas
fundacionales de las instituciones que rigieron el comportamiento de toda la estructura
deportiva y pasan a ser letra muerta o por lo menos escondida.
La irrupción de la televisión y de la tremenda masa de dinero asociada, ha provocado
un descalabro en todas las estructuras deportivas del país que como dijimos, no estaba
diseñada para objetivos tan explícitamente comerciales, volver al pasado resulta
utópico, pero tampoco podemos abandonar una herramienta de formación de jóvenes
y a muchos de ellos que esperan encontrar en el deporte aquellas virtudes que los
acompañen durante el resto de la vida.
Es fundamental realizar una evaluación sobre las estructuras que sostienen al deporte
en la Argentina, para ello debemos fijar claramente los objetivos y una vez fijados
empezar a fijar pautas para reestructurar las organizaciones y buscar mecanismos
para redistribuir los recursos en función de estos objetivos. Esta reestructuración debe
contemplar nuestras necesidades, la de reafirmar la cultura nacional ante el devastador
avance de la globalización, pensar en centros de formación para la alta competencia
es posible, pero de lo que no podemos prescindir son de los centros deportivos de
formación, este sinceramiento nos debe llevar a poder visualizar claramente cuales
son nuestras prioridades y cuales son los posibles cursos de acción a seguir.
Los Clubes, base donde se asienta todo nuestro desarrollo deportivo, están tomando
velocidad en el tobogán que los lleva a su desaparición. Las fuentes de ingresos
tradicionales, cuotas sociales, se están perdiendo, los asociados emigran hacia otros
prestadores de servicios deportivos particulares o simplemente abandonan la actividad.
Los costos para el mantenimiento de sus disciplinas federadas se han incrementado
hasta hacerlas insostenibles y han dejado de ser un punto de reunión social, su mayor
patrimonio. Sus instalaciones, se alquilan a no socios para poder solventar los gastos
de su estructura, restringiendo de esta forma el uso de esas instalaciones a los socios
que se sienten expulsados y al disminuir la actividad los docentes del deporte, estos
también emigran quedando solo empleados de mantenimiento.
Algunos dirigentes de clubes han reaccionado rápidamente ante los nuevos
requerimientos y constituyeron una estructura nueva, las Ligas de Clubes, esta nueva
estructura salta las organizaciones de segundo y tercer grado (Asociaciones y
Federaciones) y se coloca en primer lugar para negociar con la televisión y los sponsors.
Es esta una respuesta que apunta a una prioridad claramente establecida, la económica,
y responde al nivel de la alta competencia.
Esta solución, si bien resuelve el problema de la subsistencia de la competencia en
los niveles de privilegio, está limitada por el número de asociados que pueden
acceder a estas Ligas y no resuelve el problema de la formación, pues los Clubes
que integran estas Ligas son fundamentalmente reclutadores de jugadores formados
por los Clubes que se mantienen todavía dentro de las estructuras tradicionales.
Estos Clubes de Ligas responden a las necesidades del espectáculo y no dan una
respuesta plena a los requerimientos deportivos del grupo social donde se encuentran
asentados.
Las Asociaciones tradicionales de Clubes se han convertido solo en un sello, los torneos
que organizaban han perdido importancia y los costos de mantener la estructura y la
competencia se hacen inalcanzable para ellos y los deportistas que son sobre quienes
se ha hecho pesar la carga económica.
Las Federaciones Nacionales miran hacia fuera, su principal producto, los seleccionados
nacionales, son la principal fuente de ingresos a través de sus presentaciones en los
distintos torneos internacionales, y por ello centro de todas sus atenciones, los
representantes institucionales que conforman estas federaciones han perdido su
natural representatividad, y su permanencia está ligada al gradote aportes económicos
que puedan conseguir sin importar cuál es el grado de actividad de la disciplina que
mantienen dentro del país.
Dentro de este panorama globalizador del deporte, donde solo alcanzamos a visualizar
sus efectos, debe poder dar respuesta a las nuevas exigencias que se plantean en el
seno de las estructuras deportivas.
No se trata de confundir a la globalización, caracterizada como el hecho central de la
época que vivimos, con la ideología de la globalización, de matriz neoliberal. Menos
aún es posible concebirla como una lluvia pasajera, que se trata simplemente de
esquivar. Lejos de las ingenuidades de cualquier signo ideológico, que plantean la
problemática de la globalización como una opción frente a la que se podría estar a
favor o en contra. La acción política demanda un esfuerzo básico de comprensión y,
a partir de allí, el planteo de alternativas viables.
La tarea es repensar la misión, volver a persuadir y enseñar para asegurar la
comprensión del nuevo mundo donde los argentinos realizarán su destino. Educar
sobre lo conviene a la Nación para poder hacer una Argentina íntegra, dueña de su
identidad nacional ante las cambiantes circunstancias contemporáneas.
Debemos trabajar en rediseñar algunas estructuras deportivas, y volver a llenar de
contenido otras, transformar las instituciones básicas del deporte (clubes, sociedades
de fomento, etc.) en puntos de encuentro, y reinstalar la solidaridad como la
herramienta de la construcción de las nuevas formas que sostendrán el deporte.
Ing. Jorge A. Becerra. MSD.
Revista Mundo Amateur Nº 130 Año XX Junio 2000
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