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9 de Junio de 2011

Carta de un Judoca: Las Maravillas del Deporte

Hola mi nombre es Roberto, tengo 28 años y soy discapacitado. Hace unos tres
años un virus no identificado ataco a mi cerebro dejándome al borde de la muerte.
En menos de dos meses mi vida cambio para siempre, de ser una persona activa
y con buena salud quede tirado en la cama, casi sin poder hablar, ahogándome
con mi propia saliva y dependiendo para todo de terceros. Me tuve que acostumbrar
a casi no poder caminar, requiriendo de un andador y además de alguien que me
tenga, dándome contención. Según mi neuróloga mi caso es tan raro que la mayoría
de la gente que sufre un cuadro similar muere. Esto me dejo sin precedentes ósea
no tengo con quien poder compararme para saber cuánto puedo recuperar o mejorar
y en qué tiempo.

Es muy difícil hacer que las personas que te rodean entiendan lo que se siente pasar
por algo así, es como si te arrancarán una parte de vos, como si te robaran algo
de vida. El dolor no solo es algo físico (ya que los músculos se endurecen y causan
un gran sufrimiento), sino es psíquico, te afecta de una manera increíble y extrañas
las cosas más básicas como comer solo o ir al baño. Además mucha de la gente
que te rodea, que se decían ser tus amigos, te abandonan, te dejan solo cuando
más los necesitabas. Por otro lado los que se quedan con vos son incondicionales
y te dan un cariño más que especial. Algo similar ocurre con tu familia y con tus
seres queridos. Sin embargo yo tuve la suerte de tener una familia de hierro que
nunca me dejo y que me rescataron de ese abismo oscuro y dejaron todo a mi lado
con tal de que mejore. En este punto no puedo dejar de mencionar a mi madre
y mis hermanos que me mostraron el verdadero significado de la palabra amor.
También quiero agradecer a mis terapeutas, mis senseis y compañeros, todos
ustedes de la gran familia de Carcaraña que me cobijo en su lecho mirando más
allá de mi discapacidad

Hablar de todas mis pérdidas seria un desperdicio de tiempo ya que la vida sola te
muestra quienes valen la pena.

No les puedo mentir y decir que acepté mi estado de la noche a la mañana pero me
di cuenta que tenía dos opciones: me dejaba estar o levantaba la frente, miraba
a los ojos mi situación y dejaba todo por mejorar. Tirarme en la cama y llorar por
lo que perdí  no servía de nada ya que ya se había ido y tenía que seguir, salir de a
poco, continuar, no solo por mi sino también por todos los que me apoyaron y no me
dejaron caer. Pero en todo esto, donde entra el JUDO? Pues bien el JUDO fue mi
herramienta para luchar, para avanzar, mi bastón.

En el judo lo primero que aprendemos es a caer sin lastimarnos. La vida y sus raros
caminos te arrojan al piso una y otra vez y así como caemos en el tatami sin
lastimarnos, en la vida debemos hacer lo mismo. Aprender a caer no solo es algo
físico sino algo mental. Para caer bien debemos dejar atrás nuestros miedos, nuestro
ego y debemos confiar e nuestras habilidades. Esto nos sirve en miles de aspectos de
la vida cotidiana, y como en mi caso, en situaciones extremas, desconocidas y
tenebrosas. No tenemos que vivir sin miedo sino aprender a convivir con él,
dominarlo y lograr que no nos paralice, porque si nos tensamos o nos
endurecemos, cuando la vida nos sorprenda y nos arroje con toda la furia nos vamos
a quebrar como un plato de vidrio. Tenemos que ser de goma, así por más que nos
tiren una y otra vez no nos quebramos y podemos seguir.

Aunque parezca que hacer JUDO es solo luchar arriba del tatami no es así, hacemos judo
en cualquier ámbito de la vida, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos,
en el trabajo, con nuestra familia, con los amigos, con el vecino, etc.

Con estas palabras espero que ustedes simplemente se den cuenta que el JUDO es
un verdadero camino de vida, una herramienta para ser mejores personas, para crecer
independientemente del cinto que este en nuestra cintura. El respeto que aprendemos
y la forma de caminar los que nos pasa (como caminamos el tatami), es invaluable
y lo podemos hacer sin la necesidad de ganar una medalla o un trofeo. En JUDO lo
que ganamos es sabiduría, disciplina, compañerismo y confianza, no es un premio
que va en una repisa sino que va en nuestro corazón.   

Roberto

Fuente: Judo por ARG

 

         

 

 

 
 
 

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