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25 de Mayo de 2011

El exilio de los clubes porteños

San Lorenzo, Chacarita, Platense, Almagro y Colegiales son parte de la
historia de Buenos Aires. Malas administraciones y problemas económicos
los expulsaron de sus sedes naturales. La nostalgia de los que sueñan con
volver al primer amor.


Tarde de sábado o de domingo. Un grupo de hinchas se junta en la esquina de siempre
para ir a la cancha. Su estadio está en el conurbano bonaerense, la sede social en un
barrio porteño. El corazón partido al medio. Y quieren recuperarlo. Al menos en su
imaginario quieren volver al primer amor. La nostalgia por los años pasados está ahí, cada
fin de semana. En sus viejos estadios dejaron (o les contaron) sus recuerdos, campeonatos,
ascensos. Dejaron parte de su historia.

Los clubes de fútbol nacieron como punto de encuentro social, muchas veces asociados
a grupos políticos, religiosos, sindicales, y también de inmigrantes instalados en nuestro
país. En un principio, las sedes se instalaron cercanas a los locales en que se celebraban
mítines partidarios, la zona en que vivía un grupo de amigos o, simplemente, donde
había un terreno disponible. Pero con el tiempo, el barrio pasó a identificarse con el club, y
a ser uno solo.

Fueron varias las instituciones que a lo largo de su historia debieron dejar su casa espantados
por el fantasma de los problemas económicos o por pésimas administraciones. La mudanza
no sólo significó tener que tomarse un colectivo más para ir a la cancha o la pérdida de la charla
de buffet, el billar y el metegol. Nostálgicos, los hinchas debieron enterrar historias en
aquellos tablones y empezar de nuevo.

GASÓMETRO. El estadio se llama Nuevo Gasómetro, lo que significa que hubo otro antes,
el Viejo. San Lorenzo lleva el Almagro en su nombre porque de allí era la mayoría de sus
socios, aunque ahora esté en el Bajo Flores. Fundado por un grupo de jóvenes que jugaba
a la pelota en la calle, un sacerdote, el padre Massa, les dio su primer lugar dentro de
la parroquia. En 1908 llegó el comienzo oficial y el emplazamiento de la cancha en lo que
después tomaría el nombre de Boedo. Ocho años después, en avenida La Plata entre
Inclán y Las Casas quedaba inaugurado el Gasómetro con un triunfo frente a Estudiantes.

Las épocas de gloria del club comenzaron a apagarse cuando se terminaba la década del ’70.
Y también llegó la inesperada noticia: en agosto de 1978 el municipio anunció que por ese
predio debía pasar una calle, y había que desalojarlo. Había plazo hasta 1982 para
abandonar los terrenos. El presidente del club logró poner en venta el estadio -San Lorenzo
pasaba por un mal momento económico-, y el 2 de diciembre de 1979, frente a Boca, se
jugó ahí su último partido.

Desde hace casi dos décadas que el Ciclón juega en el Bajo Flores. Pero hace un mes el
deseo de volver a poner un pie en los terrenos de Boedo (propiedad del supermercado
Carrefour y donde aún está la sede principal del club) tomó más fuerza que nunca.
Legisladores porteños presentaron un proyecto de ley que pide la expropiación parcial
del predio como "reparación histórica" al club. Allí se planea hacer un polideportivo cubierto,
un centro de salud comunitario y otro de convenciones. La propuesta apela la reivindicación
al Estado porteño de que aquella orden se trató de una "política oficial desplegada por
los usurpadores del poder a fines de la década del ’70, direccionada a la erradicación,
destierro, marginación y desaparición del Club Atlético San Lorenzo de Almagro, materializada
a través de un sistema de acciones, presiones extorsivos y normas ilegales". Los años
pasaron, pero sólo sirvieron para que los hinchas de San Lorenzo aumentasen sus ganas
de recuperar lo que consideran propio: parte de su historia.

ALMAGRO. Almagro, Parque Centenario, Parque Chas, Villa Ortúzar y Villa Urquiza. Por esos
barrios deambuló el Club Atlético Almagro desde su fundación, en 1911, hasta que
finalmente paró sus postes en José Ingenieros, Caseros, obligado a la mudanza por un
alquiler vencido.

"Almagro, Almagro de mi vida", homenajeaba a esas calles Carlos Gardel. A principios del
siglo XX los equipos Júbile, San Martín Juniors y Lézica se fusionaron para homenajear al
barrio, según cuenta "La revista tricolor". El primer potrero del "Almagro Football Club", tal
su nombre entonces, estuvo en el desaparecido pasaje Portugal, y la pelota compartía
espacio con la murga del barrio y las charlas radicales. En 1927 se levantó la primera
cancha, la sexta en capacidad de espectadores según el diario "La Nación", y quedó
inaugurada con un partido frente a San Lorenzo. Una vez obtenido el ascenso, la Municipalidad
ordenó la apertura de las calles que ocupada el estadio, y una interna entre la familia Chas
y los dirigentes del club acabó con el histórico lugar. Jugó "de prestado" durante dos años,
y se instaló otra vez en terreno propio, en Villa Ortúzar, hasta 1956. Los bailes con orquestas
en vivo y los otros deportes –incorporando grandes veladas de box– se hacían en la sede de
dos pisos de Villa Urquiza.

"De acá no nos vamos más", fueron las palabras del presidente del club. Almagro ya lleva
más de 50 años en José Ingenieros, donde tuvo su estadio propio, definitivo. Los terrenos
fueron cedidos por el Gobierno a instancias de un diputado cercano al club, y se dice que el
ex presidente Arturo Frondizi, ex jugador del club, tuvo injerencia en la decisión. Francisco
Smoljanovich, periodista partidario, define ese momento: "Almagro se establecía en José
Ingenieros para echar raíces más profundas y estables que nunca".

CALAMARES Y FUNEBREROS. La nueva cancha está ahí, cruzando el puente. Un fin de semana
cualquiera se puede ver el desfile de hinchas que van de Capital a Vicente López para alentar
al Calamar. La historia empezó dentro de un grupo de amigos de Recoleta que apostaron a
un caballo, del stud "Platense". El dinero ganado lo invirtieron en un juego de camisetas y
pelota. Así nació el club. Las casas de esos fundadores, en Barrio Norte, fueron las primeras
sedes sociales, y en un predio alquilado a la Municipalidad y vecino al Club Comercio se
comenzó a construir la cancha.

Blandengues y Manuela Pedraza fue la dirección del club entre 1911 y 1915. Pero ese lugar
les quedaba chico, y alquilaron la manzana que sería emblema del club: Manuela Pedraza
y Crámer, en el porteño barrio de Saavedra. Casi 55 años estuvo Platense allí, donde hoy
hay una escuela y su polideportivo. Cuarenta y seis de esos años los jugó en Primera.

Los hermanos Del Casse, dueños del lugar, ante la muerte de su padre, entraron en una
discusión que dejó atrapado al club. No llegaron a un acuerdo, decidieron lotearlo, y el club
debió armar las valijas. Primero peregrinó por otros estadios hasta 1974, cuando comenzó
a levantarse el propio y definitivo. Pasaría a ser bonaerense. Zufriategui 2021, en medio de
un barrio residencial de Florida, a la vera de la General Paz, se levanta el estadio para 35 mil
personas. Ése fue el lugar que adquirió el club y en el que no tuvo temporadas exitosas
como en Saavedra. En esa cancha lleva doce años jugando en el ascenso. "No hay vuelta atrás
-dice un hincha-. El otro predio lo perdimos, y éste es del club, es propio".

Entre los ilustres exiliados porteños, Chacarita Juniors es uno de los emblemas. El 30 de enero
cortó la cinta de su nuevo estadio de cemento en el partido bonaerense de San Martín, el
quinto en el que juega. Fue fundado el 1 de mayo de 1906 por un grupo de jóvenes
socialistas en un local partidario de Dorrego y Giribone (actual Córdoba), y aquel barrio
porteño –del que tomó el nombre– fue su primera casa. En abril de 1907 un cerco de
alambres y una casilla hicieron de un baldío de Federico Lacroze y Álvarez Thomas la primera
cancha, pero a los pocos días se encontraron con un desalojo policial. Complicado
económicamente, estuvo a punto de desaparecer como agrupación deportiva, pero en 1920
logró la deseada afiliación a la AFA. Cinco años más tarde inauguró su segundo estadio,
en la manzana comprendida por Humboldt, Murillo, Darwin y Padilla, en Villa Crespo. La
próxima mudanza no sería por cuestiones económicas, sino por capacidad. Ya en la etapa
profesional, los hinchas que seguían al Funebrero eran cada vez más y la cancha quedaba
chica. En 1932 el club comenzó a jugar en un terreno lindero a las vías del ferrocarril San Martín,
entre las calles Humboldt, Padilla y Murillo, calle de por medio con la cancha de Atlanta.
Permaneció allí hasta diciembre de 1944, cuando recibió la notificación del dueño su decisión
de vender. El club no logró reunir el dinero suficiente para concretar la compra, y tuvo que
mudarse. Además de su tercera cancha, el Funebrero abandonó también el barrio que lo vio
nacer, del que conserva aún su rivalidad con Atlanta.

El barrio de Villa Maipú, en San Martín, se convirtió en su nueva casa. El 8 de julio de 1945,
después de 141 días de construcción inauguró su nuevo estadio con capacidad para 25 mil
espectadores, con un partido frente a River de Montevideo. La mayoría de los tablones
usados en las tribunas habían estado en el anterior estadio de Villa Crespo. Allí disputó
partidos de cinco categorías distintas y consiguió el histórico título del Metropolitano del ’69.
En octubre de 2005, el Funebrero jugó frente a Tigre su último encuentro en ese estadio,
para comenzar la renovación total hacia las tribunas de cemento, que estrenaron hace
pocos meses en un partido contra Argentinos. Pese a haberse instalado en provincia, el club
mantiene su sede social en el barrio de Chacarita, a ocho cuadras de la original.

Otra vez un grupo de jóvenes fue el que movió la pelota para empezar la historia de Colegiales.
Una esquina de Leandro N. Alem, hoy Avenida del Libertador, servía de punto de reunión. Aquel
club que nació bajo el nombre de "Club Atlético Libertarios Unidos" militó en distintos estadios,
siempre complicado por la situación económica y en busca de un lugar en el que establecerse.
A pesar de su nombre porteño, la cancha de Colegiales hoy queda en Villa Martelli, a dos
cuadras de la avenida Mitre. Antes jugó en Teodoro García y Giribone, y Fraga y Estomba
(donde después jugaría Almagro), en la Capital, y Perú y avenida Central, en Vicente López.
También lo hizo en varios estadios ajenos, hasta que pudo hacer pie -lo que le valió en un
principio perder parte de su vida social y una masa importante de socios radicados en Colegiales-.
"Los deseos, como las obras, empiezan a materializarse", cuenta Roberto Banchs sobre esos
años en "Club Atlético Colegiales, Por la historia". 1948 fue el año en que el club se asentó
de manera definitiva. De aquel paso porteño le quedan el nombre y los hinchas, que son
muchos en el bajo de Buenos Aires, arrinconados contra las vías del Mitre.

Fuente: 7 Días

         

 

 

 
 
 

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