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1 de Noviembre de 2007
La FIFA convive con el tembladeral de los sobornos.
En Zurich y Río de Janeiro, aún hoy resuenan los ecos por la confirmación de
Brasil como sede del Mundial 2014. Pero en una Reykjavik bajo la nieve y
temperaturas de cero grado, la FIFA recibió el inquietante aviso de que el
inminente juicio por la quiebra de ISL puede manchar a sus principales dirigentes.
El anuncio fue formulado por el periodista británico Andrew Jennings, quien confió en que el
trabajo del juez instructor suizo Thomas Hildbrand desnude los nombres de los dirigentes
de la FIFA que, según afirma, han recibido sobornos.
"La credibilidad de la FIFA quedará destruida. Y no sólo quienes recibieron dinero, sino el
entero liderazgo del Comité Ejecutivo que juró fidelidad al principio de la omertá", dijo
Jennings, autor del libro Foul, sobre corrupción en la FIFA y que fue invitado para hablar en
Buenos Aires a fines de noviembre.
Jennings, autor también de libros que anticiparon hace años la corrupción en el Comité
Olímpico Internacional (COI), fue protagonista central de la penúltima jornada del Congreso
Play the Game, que concluye hoy jueves en Reykjavik.
A su lado estaba Shaka Hislop, arquero de Trinidad y Tobago en el Mundial de Alemania 2006,
denunciando al presidente de la Federación de su país y vice de la FIFA, el impresentable
Jack Warner, acusado de quedarse con el dinero de los jugadores y luego echarlos de la
selección por sus protestas.
El mismo día que Jennings ofreció su primer informe sobre el juicio, el 3 de noviembre de 2005,
en el Congreso anterior de Play the Game, en Copenhague, el juez Hildbrand allanaba las
oficinas de Blatter, "la mayor catástrofe sufrida por la FIFA", afirma ahora el periodista británico,
de 64 años. Según Jennings, Hildbrand secuestró ese día documentos que permitirían reforzar
su acusación de que dirigentes de la FIFA recibieron sobornos de las dos cuentas secretas
Nunca y Sunbow que ISL tenía en paraísos fiscales. Después de su conferencia, en una
prolongada conversación con este enviado, Jennings ratificó que, según sus informes, uno de
los nombres implicados es el de Nicolás Leoz. El paraguayo presidente de la Conmebol negó
el año pasado haber recibido sobornos. "¿Habrá entonces dos Nicolás Leoz?", pregunta
Jennings, riéndose, mientras me muestra feliz las fotos de sus pequeños hijos de 7 y 5 años
de edad.
El síndico de la bancarrota de ISL, la firma creada por Horst Dassler como brazo comercial de
la FIFA, llegó a un acuerdo con algunos de esos dirigentes para que devolvieran el dinero y
acreditarlo así a la quiebra. Jennings descubrió quién devolvió parte de ese dinero.
"¿Por qué devolvió la FIFA ese dinero?", pregunta a Blatter, en uno de sus programas de
investigación para la BBC, que fue exhibido durante su conferencia de Reykjavik. Blatter ni
siquiera lo mira. La FIFA declaró "persona no grata" a Jennings, a quien tampoco deja entrar
en sus conferencias de prensa.
El mismo programa exhibe los documentos del juicio en Nueva York que obligó a la FIFA a
pagar más de 90 millones de dólares a Mastercard. La sentencia incluyó párrafos durísimos
para el secretario general de la entidad, Jerome Valcke, hoy otra vez en el cargo.
Valcke es el sucesor de Michel Zen Ruffinen, quien fue despedido en 2002 tras acusar a Blatter
en los tribunales suizos y también fue orador de Play the Game en 2005, aunque ahora es
abogado de los agentes del fútbol británico.
El hombre clave del juicio que tiene en jaque a la FIFA es Jean-Marie Weber, director de la
compañía. Pero el alemán Jens Weinrech, acaso uno de los periodistas más informados sobre
ISL y también presente en el Congreso, dice a este enviado que Weber no hablará. Su silencio
se cotiza en oro. "Todo dependerá de cómo le pregunte el juez", me dice Jennings.
Weinrech habló antes que Jennings frente a una imponente pantalla que mostraba una
fotografía de Julio Grondona y Blatter confundidos en un abrazo eterno. Lo hizo antes que
Hislop, el arquero de Trinidad y Tobago que cuenta su batalla contra Warner, otro "peso
pesado" dentro de la FIFA.
Así como Grondona aporta a Blatter los diez votos en bloque de la Conmebol, Warner entrega
los 40 de la Concacaf. La FIFA ya protegió a Warner de las acusaciones de vender boletos del
Mundial para su agencia de viajes y de adueñarse también de los derechos de televisación
dentro de varios países de su región.
Pero el nuevo silencio de la FIFA ante la denuncia de Hislop es aún más grave. Hislop acusa a
Warner de haberse quedado con el dinero de los jugadores por su participación en el Mundial.
"Nos dijo que a la Federación de Trinidad y Tobago le quedaron sólo 3 millones de dólares y nos
dio entonces 800 dólares a cada jugador", cuenta Hislop, con elegante traje y corbata.
"Finalmente, descubrimos que la Federación ganó en realidad 28 millones de dólares, casi diez
veces más de lo que él había dicho", sigue Hislop, líder de un plantel cuya denuncia fue rechazada obviamente por Warner, pero también por la FIFA.
"Los jugadores son unos ambiciosos", dijo Warner, quien llegó incluso a vender el catering de
los estadios en un torneo Sub 17 jugado en Trinidad y Tobago y que fue inmortalizado por las
cámaras de la BBC cuando respondió a Jennings con un inolvidable fuck off .
Los dieciséis jugadores que tuvieron que dirigir sus reclamos a un tribunal de Londres fueron
expulsados de la selección de Trinidad y Tobago, un escándalo del que nadie habla. Tampoco
el Parlamento brasileño concretará su amenaza de investigar la polémica sociedad MSI-Corinthians.
De eso, aseguran, se jactó el presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol, Ricardo Teixeira,
ante Blatter. Sabe de qué habla. El sobrevivió a dos CPI gracias al triunfo en el Mundial 2002.
Habrá que cuidar ahora otra vez las formas en nombre del nuevo Mundial. La FIFA explica cuál es
su "misión" en su página web: "Desarrollar el juego, emocionar al mundo, edificar un futuro mejor".
Fuente: Diario La Nación
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