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5 de Marzo de 2009
Jugar y crecer en la elite
Catorce argentinos actúan en la mejor liga del mundo. Lo hacen en
Holanda, de manera profesional, y cuentan que competir contra los
mejores los hizo madurar en lo deportivo pero también en lo personal

Si bien el Torneo Metropolitano de hockey sobre césped es el formador de los
jugadores que nutren a las Selecciones, Europa es el mejor lugar para moverse
en el primer mundo de este deporte. Y Holanda asoma claramente como la
mejor liga del mundo. Por infraestructura, por competitividad y porque allí
juegan los mejores del planeta. Y, se sabe, jugar contra los mejores todos los
fines de semana permite evolucionar a pasos agigantados.
Así lo comprueban los 14 argentinos, nueve varones y cinco mujeres, que juegan
profesionalmente en seis clubes de Holanda donde además de un sueldo reciben
un departamento y un auto cada uno.
"Los equipos se preparan profesionalmente para los partidos. El nivel de juego
es muy alto por los jugadores internacionales que están en la liga. Y además los
clubes viven mucho de los sponsors porque el hockey atrae muchas empresas",
le contó ayer a Clarín Matías Vila, volante de Tilburg, donde comparte plantel
con su hermano Lucas y con Tomás MacCormik.
"Se juega todos los domingos en canchas de agua de primer nivel y asiste mucho
público. Estoy seguro que debe ser el país donde mejor se vive el hockey", agregó.
Los jugadores top pueden ganar entre 60 y 100 mil euros por temporada. Y los
argentinos están en un rango salarial de entre 25 mil a 50 mil euros dependiendo
de su trayectoria. Las mujeres, por cierto, ganan bastante menos.
"Cualquier partido de club se parece a un duelo internacional por la velocidad, la
intensidad y el ritmo físico", comentó Mariana González Oliva desde Bilthoven,
donde juega para SCHC. Su compañera de equipo y casa, Soledad García, añadió:
"Aprendés mucho jugando en Europa porque el nivel del hockey es muy diferente
y cambian los sistemas de entrenamiento". Mientras para Giselle Kañevsky,
quien juega para HDM con Macarena Abente y Magdalena Aguilar, "la gran
diferencia con Argentina no pasa tanto por las jugadoras sino por la estructura
que rodea al campeonato".
Rodrigo Vila y Juan Manuel Vivaldi compiten para Den Bosch, Lucas Rey y Matías
Paredes están en SCHC y Lucas y Matías Cammareri lo hacen para Kampong y
Rotterdam, respectivamente.
Si bien Matías Vila admitió que se volvió "bicultural" ya que lleva cinco años en
Holanda, González Oliva y García se mueven con horarios argentinos: cenan tarde
y aguantan las miradas azoradas cuando las ven con el mate.
Conscientes de que las diferencias culturales son enormes, también se enojan
ante ciertas actitudes de las holandesas. "Yo acá vivo muy bien, sin pensar en la
inseguridad, pero las chicas del club son muy malcriadas porque les dan todo. No
saben qué es un pobre. Se quejan porque se congela la cancha y entrenamos
en arena cuando en Buenos Aires el 80 por ciento de las canchas son de arena",
contó González Oliva.
Le pasó el teléfono a García y la cordobesa siguió con los ejemplos. "Acá les
dan palos y también zapatillas gratis a quienes quieran, pero algunas chicas de
Primera las tiran apenas se ensucian de más. Ni las lavan. ¡Y nosotras nos
queremos morir!", exclamó.
Habituada a vivir con el mimo de su familia, Kañevsky buscó ir a Holanda como
experiencia de vida y no tanto por lo económico. "Fue un cambio fuerte e incómodo
hasta que al fin me sentí a gusto. ¿Alguna anécdota? No podía tomarle la mano
al lavado de la ropa y desteñía la que me daba el club. Ahora aprendí", señaló
entre risas.
"Yo crecí mucho a nivel personal desde que juego en Holanda --cerró Matías Vila--.
Y sigo aprendiendo. Y en lo deportivo sigo sorprendido por el apoyo de los sponsors
y por el poco apoyo televisivo a pesar de la cantidad de gente que mueve".
Palabra de argentinos que sedujeron a los clubes de Holanda, el país de la mejor
liga de hockey sobre césped del mundo.
Fuente: Diario Clarin
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