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27 de Mayo de 2008

Si esto no es deporte, el deporte dónde está

 

Los históricos ex maratonistas multicampeones Osvaldo Suárez y Carlos “Beto”
Rodríguez, únicos ganadores argentinos de la tradicional corrida internacional
brasileña “San Silvestre”, cuentan historias y anécdotas de esta cita apasionante..




Los 74 años del ex atleta Osvaldo Suárez se ven reflejados en sus reflexiones y en cada
consejo a sus pupilos que se entrenan bajo su mirada en la pista atlética del CENARD. Los
46 de Carlos "Beto" Rodríguez, el mejor maratonista en silla de ruedas del país, denotan
madurez. Ambos ya están en la historia grande del deporte nacional, fueron los únicos
argentinos en ganar la tradicional carrera "San Silvestre", que se realiza por las calles de
San Pablo el último día del año con la presencia de miles de competidores y más de un
millón de personas alentando.

"Don Osvaldo" la ganó tres veces 1958, ’59 y ’60. "Beto" nueve, del ‘91 al ’93, del ’95 al ’98,
2001 y 2005, donde hizo su mejor tiempo en este circuito (39m16s) en los 15Km. distancia
que se recorre desde el año ’92, ya que anteriormente el recorrido era de 12 kilómetros y
antes de eso, 8.900 metros.

"Ni todos los corredores argentinos juntos ganaron los títulos que gané yo. Sólo me faltó
ganar una medalla olímpica. Muchos grandes del mundo corrieron la San Silvestre y fueron
pocos los que pudieron ganarla". La frase pertenece a Osvaldo Suárez, ganador de más
de 30 carreras en Europa, además de cuatro medallas de oro y dos de plata en Juegos
Panamericanos, de 12 campeonatos Sudamericanos y de cinco Iberoamericanos. Además
de poseer 29 récords, en todas las distancias, 25 de ellos sudamericanos y los otros cuatro
a nivel nacional. La marca sudamericana de 5.000 metros la repitió cinco veces (14m5s),
al igual que la de 10.000 (29m26s).

Relata Beto: "Hoy, con todos los adelantos que hay todavía con esas marcas pelearía con
los mejores. Osvaldo es el máximo referente de nuestro atletismo junto con Antonio Silio
fueron los más grandes, no tengo ninguna duda al respecto".

Y Suárez cuenta con una sonrisa irónica: "Cuando los militares no me dejaron viajar a
Melbourne ‘56 (estuvo imposibilitado de participar de los Juegos por "sugerencia" de la
"revolución libertadora del ‘55") tenía 22 años y un tiempo en el maratón de 2h23m, y
finalmente el que ganó tenía 40 y lo hizo en 2h25m. Ganaba seguro, todavía estoy con
bronca con aquella decisión de esa comisión investigadora N° 49 que me bajó del avión a
sólo cinco días de viajar. Si hasta ya tenía el pasaporte visado, me trataron como a un
delincuente y llegaron a decir que había ido acomodado a los Panamericanos de México ’55,
donde había salido doble campeón. Una locura".

Beto no deja de mirarlo. También sonríe con cierta impotencia y se prende en la conversación:
"Recuerdo que cuando era muy joven siempre escuchaba la Oral Deportiva (programa radial
de radio Rivadavia) y él era nuestro abanderado en cada San Silvestre. Cuando en el ’87
participé por primera vez, no lo podía creer que todas las radios, periódicos y programas de
televisión siguieran acordándose de su nombre y de sus logros".

"En San Pablo la San Silvestre es como un Boca-River por todo el clima que se vive y
representar a la Argentina es de alguna manera llevar el nombre de Osvaldo Suárez",
sentencia Beto, representante argentino en 97 competencias internacionales y ganador de
201 carreras sobre 401 disputadas, como le gusta remarcar a este personaje del deporte,
afectado de poliomilitis desde muy temprana edad y que a pesar de su problema, de chico
atajó en el equipo de fútbol de su barrio, en San Fernando, con ortesis (elementos que se
insertan en los zapatos para corregir formas de caminar), y después de 12 operaciones
sufridas dejó los guantes por el buzo de DT.

Y entonces este Rodríguez, que no es uno más en la guía, se anima a narrar algo de su
currículum como entrenador de fútbol: "Por mis equipo pasaron Walter Pajón, que jugó en
Tigre y San Lorenzo. Roberto y "Tony" Carrizo, uno estuvo en Tigre y River, y el otro en
Independiente. Además hubo otros chicos que llegaron a jugar en la C y la D. Teníamos un
muy buen equipo y hasta nos dimos el gusto de salir campeones en la etapa municipal de
los Juegos Evita del ‘74"



Esa singular fiesta paulista de fin año

Rememora Osvaldo Suárez: "Antes me parece que era más emotiva todavía porque
arrancábamos a las 23.45 y llegábamos con el nuevo año alrededor de las 0.15 (en el ’60
Suárez hizo su mejor registro 24m58s). Después del ’90, cuando vendieron los derechos de
la televisión a Europa empezó a realizarse a las 17. Igualmente sigue siendo una fiesta
muy especial, yo no me puedo olvidar aquellos grandes momentos llegando a la meta
delante de otros 6.000 corredores, y que el cielo se iluminara con bengalas y fuegos
artificiales...".

-Osvaldo, ¿quién era su rival a vencer?


-El ruso Bladimir Kuz, él fue récord mundial en 5.000 y 10.000 metros, pero yo le sacaba ventaja
por el clima, para él había una gran diferencia entre el frío de Rusia y el calor de Brasil, yo
estaba mucho más acostumbrado. Era otra época, ahora los africanos barren con todo.

-¿Cómo fue esa historia con el periodista brasileño, antes de qué cruzara la meta?


-En el ’59 yo venía corriendo a menos de 80 metros de la llegada y sabía que no podían
alcanzarme porque al que venía atrás le llevaba más de 100 metros de ventaja, pero de
repente llegando a la meta veo uno que se me viene encima, yo me empecé a apurar, estaba
cansado, venía de esa gran subida de 800 metros y me puse algo nervioso porque no entendía
bien de dónde había salido, hasta que por fin me di cuenta que era un periodista de la Cadena
O Globo... (empieza a reírse).

-¿Alguna otra anécdota?


-Recuerdo que después de una carrera fuimos a cenar a una churrasquería con algunos amigos
y como yo había ganado no nos cobraron, y lo mismo pasó cuando tomamos un taxi. No lo
podía creer, los brasileños son muy efusivos, muy especiales.

Beto eligió su novena victoria en la San Silvestre para ponerle fin a su carrera como deportista.
Fue en 2005, y lo decidió así: "Cuando faltaban 100 metros para llegar me dije: ‘no corro más’.
Y ahí me retiré. Yo corrí en Japón, Estados Unidos, Europa... pero la emoción de una San
Silvestre no la viví en ningún otro lado. Brasil tiene una cultura deportiva muy fuerte, a mí me
agasajaron en el ’98 con el premio Rosa Mota por mi trayectoria en esa competencia, mi primer
y último año fueron muy emotivos también. De la San Silvestre guardo los mejores recuerdos,
es muy competitiva, hay un promedio de 30 sillas por año.

-¿De las 18 San Silvestre en las que participaste, con cuál te quedás?

-Con la primera (1987) y la última (2005), no tengo duda. Esa fue hermosa y todavía siento
nostalgia al acordarme de todos los amigos que hice en el alojamiento del Parque Ibirapuera y
en todo el barrio que rodea en la avenida Paulista. Y la última por lo que significó retirarme y
haberlo decidido sobre la marcha, nunca había pensado en eso y ahí se me vino a la cabeza
y tomé la decisión. Estar ahí ya es emotivo, para mí estar presente ya es emocionante más
allá de cualquier puesto.

-¿Recordás aquella experiencia del ’98 cuando regresaste temprano de San Pablo?


-Viajé con la plata justa para la inscripción y los pasajes. Por eso terminó la carrera y me vine
enseguida, pero cuando llegué a Ezeiza no había colectivo y entonces, se frustró la posibilidad
de llegar por primera vez en tantos años temprano a casa para brindar por el año nuevo. Me
tuve que quedar a dormir en un banco del aeropuerto hasta que me pude tomar el 86 y volver
a casa. Esa fue una historia que en aquel momento tuvo mucha repercusión en los medios.

-¿Te animás a describir el recorrido?


-Hay muchos cambios durante el recorrido, por eso hay que saber combinar velocidad, fuerza
y resistencia. En el arranque hay 400 metros de recta. Después hay diferentes bajadas hasta
el km. 5 donde se entra a una autopista parecida a la Lugones. Al km. 7 hay un viaducto y
a partir de ahí no parás de subir. Ese es el momento de manejar bien los tiempos porque
dos kilómetros más tarde hay una pendiente de 500 metros y luego de unos kilómetros
otra pronunciada de 1.000 más. Hay que ser muy inteligente en ese trayecto y estar muy
fuerte de la cabeza porque de ir a 23, 24 km/h con la silla pasás a ir a un promedio de 6 o 7;
yo en el 2005 la subí a 12 km/h. Para mí ahí empieza a definirse la historia y el final es de
película por toda la espectacularidad de la fiesta brasileña.

Los dos quedan cara a cara con el gesto cómplice de saber lo que representa una San
Silvestre y no sólo eso, sino haberla corrida y ganado .Beto pide aclarar: "Por favor, salven
la distancia entre nosotros cuando hagan la nota, él es un grande de verdad".

Y antes de la despedida contó cómo lo conoció personalmente: "Yo estaba empezando y
Osvaldo, que era promotor de una marca deportiva importante y un referente de los más
destacados para todos nosotros, me dijo: ‘contá conmigo para lo que necesites, zapatillas,
ropa, lo que sea que esté a mi alcance te voy a ayudar’. Y eso me marcó, que un tipo de su
prestigio se acordara de mí y de tantos otros atletas fue una contención única. Osvaldo es
una persona humilde, muy noble y de lo mejor que dio nuestro atletismo".


Fuente: Secretaría de Deportes de la Nación

 

       

 

 

 
 
 

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