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19 de Junio de 2007

"Aprender de los fracasos y mejorar con las derrotas"

El deporte y su rol

por Lic. Romina Plataroti (*)

 

El deporte ha ocupado y ocupa un lugar muy importante en mi vida. Ha estado presente
desde los 6 años, edad en la cual  me inicié en la gimnasia artística. Hoy sigo trabajando
por y para éste a través de diferentes roles: como Licenciada en Psicología especializada
en deporte y asesora de la Dirección de Deportes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Trabajar por el desarrollo del deporte, promoverlo; contar con espacios con infraestructura
adecuada para la realización del mismo (clubes, polideportivos) impulsando la igualdad
de oportunidades para llevarlo a cabo, son algunos de los puntos, que a mi entender, no
podemos perder de vista aquellos que cumplimos una función en el ámbito deportivo.

Me resulta interesante a su vez  remarcar la diferencia que existe entre el ejercicio físico
llevado a cabo de modo recreativo y el deporte de alto rendimiento, que es el que yo he
realizado. El mismo es practicado por deportistas de elite, caracterizándose por gran
exigencia física y mental, muchas horas de entrenamiento y dedicación; en comparación
a la actividad física y/o deporte realizado de manera recreativa.

A las disciplinas deportivas, las concibo no sólo como una herramienta positiva  para el
bienestar físico y psíquico de los seres humanos, sino también un instrumento de
contención social, integración y aprendizaje de valores, como ser: la solidaridad,
compañerismo, la autosuperación, la concreción de nuestros objetivos, el aprendizaje
continuo; todos aspectos aplicables en otros espacios que transitemos en nuestra vida.

Una de las frases que elijo para concluir y seguir reflexionando acerca del apasionante
mundo del deporte es la que afirma Terry Orlick – Ex campeón de gimnasia, entrenador
de dicha disciplina  y actual consultor en psicología:

“Es necesaria una buena capacidad para aprender de los fracasos y mejorar con  las
derrotas para lograr la excelencia en cualquier empeño humano”.

(*) Lic. Romina Plataroti
Ha sido considerada la gimnasta con mayor reconocimiento del país, habiendo cosechado
los más relevantes logros a nivel nacional e internacional.

Ajedrez

Comprension en base a una experiencia particular

por Mariano Fraschini (*)

Unos meses atrás me encontré con una amiga, filósofa ella y además ex ajedrecista,
con la que conversé un largo rato sobre los secretos de nuestro juego ciencia. Yo le
comentaba lo difícil que era para un ajedrecista profesional soportar las derrotas y cuánto
jugaban ellas en la posterior trayectoria del jugador de élite. Cavilábamos juntos sobre
este punto cuando ella me graficó con un ejemplo muy concreto, lo difícil que es aceptar
la derrota en el ajedrez. Palabras más, palabras menos, me expresaba: “Sabés que pasa,
yo cuando doy una lección en filosofía, puedo comenzar bien, luego seguir mal, después
recuperar un poco y ser regular, y al final me pondrán una nota que expresará todo el
desarrollo de mi exposición, un 5 como ejemplo. El problema con el ajedrez, es que vos
podés jugar muy bien toda la partida, pero te equivocaste una sola vez y te ponen un
"0”. Nunca me había percatado que ese elemento, el "0", era de vital importancia para
comprender lo doloroso de las derrotas ajedrecísticas, amén de ser un “duelo de cabezas”,
donde el factor “inteligencia” ocupa un papel inconsciente en la interacción lúdica - trebejista.

Una vez que pude observar con sorpresa la importancia de dicha frase, pensé en los
otros deportes (porque el ajedrez es un deporte, además de ciencia y arte si quieren, y bien
competitivo, por cierto)
y me percaté que era innegable que sólo en el ajedrez las derrotas
terminan, en ultima instancia y haga lo que uno haga, en 0. Piense usted lector en cualquier
deporte y verá que lo que digo es cierto: en tenis uno puede perder el partido pero ganar
un game (Ej. 6-2, 6-1), en boxeo puede perder por puntos y siempre hay mas que una
unidad, en deportes colectivos ni que hablar (hasta podes ser goleado, pero un 7 a 1, te
deja, al menos con una unidad).

Desde allí que considero que se debe prestar mucha atención a las derrotas no sólo desde
el punto de vista lúdico, sino también, y en especial, desde el psicológico. Es decir, verificar
cuanto y como influyen las derrotas de cara al crecimiento personal y profesional de la vida
y el juego de ajedrez. Saber soportar las derrotas y volcarlas hacia una unidad superior que
sea cualitativamente más abarcadora, será un desafío cotidiano con el que deberá lidiar el
ajedrecista. Que quiero decir: superar la derrota implica contenerla en la próxima partida,
que esté presente y que el desarrollo del ajedrecista se despliegue en esa totalidad que son
las derrotas y las victorias como un todo. “Uno es con las derrotas”, de ellas uno aprende más
que con las  victorias.

Con este escenario de marco, lo que sigue a continuación es una partida, perdida, que
significó un gran aliciente para mi primera norma de maestro internacional.

Corría el año 1994 y me encontraba en CUBA, tierras de Fidel Castro disputando el fuerte
torneo “Capablanca In Memorian”. Luego de un comienzo muy prometedor, 3 ½ de 4
(cuando debía hacer +3 sobre 13 fechas, con lo cual haciendo todas tablas hasta el final hacia
norma, que iluso, ¿no?), arribaba a la fecha 10 con 5 ½. Es decir, debía hacer 2 ½ en 4 y mi
primer escollo era el Maestro Internacional costarricense Manuel González Bernal, 50 puntos
más alto que quien esto escribe en el elo FIDE de aquél entonces.

Una victoria en esta partida, significaba jugar tranquilo las últimas tres, pudiendo realizar, al
decir de gran Tucho “un gran bloque de tablas” que me permitieran conseguir la primera norma.
Por lo tanto, aquí aparecía un elemento ajeno a la partida: la necesidad del triunfo para jugar
tranquilo las otras tres que restaban. Van a ver que este síntoma aparecerá durante el juego.

Recuerdo que al culminar la partida, mi desazón era insoportable. No tenía ganas de seguir
luchando y rumiaba en mi cabeza la imposibilidad de lograr, al menos, una norma de Maestro
Internacional. En esos momentos, en que uno no puede con su mente y sus pensamientos
juegan solitos una carrera hacia cual de todos puede hacer más daños, se me acercó el MI
Roberto Servat con quien compartía habitación en el certamen (los otros dos argentinos eran,
el mayor talento que dio el ajedrez argentino, “Huguito” Spangenberg y el “gran” Ale Hoffman,
un amigo y excelente jugador también) y me propuso caminar el parque que se encontraba
enfrente de la sala de juego. La hora que caminamos junto a Roberto fue muy instructiva
para mi posterior desempeño en el torneo. El MI santafesino me recordó durante ese trayecto
parte de sus fracasos en ajedrez, mientras yo le contaba lo difícil que era para mí soportar
las derrotas, más teniendo en cuenta que el torneo continuaba, que no ganaba desde la 4ª
ronda y que debía necesariamente hacer 2 ½ en 3. Como diría una amiga “cuento corto”
finalmente gané las siguientes dos partidas (el MI Oblitas con sacrificio de torre incluido,
partida que se encuentra en la enciclopedia de combinaciones y al MF Yovanny Pérez, en 24
jugadas, quien me había vencido en el Iberoamericano por equipos unos meses antes) y
pude lograr mi primera norma. ¿Qué había pasado en mi cabeza durante esas horas
posteriores a la partida?. Como dije, las largas charlas con Roberto y con el MI cubano
Miguel Andrés, mi second durante el torneo, habían ayudado a que salga de ese estado
de “derrota permanente e inminente”. De todas formas, fueron las palabras internas las que
me convencieron que todo podía darse vuelta. Por un lado, las ganas de ir por la norma,
por otro la fuerza interna que cualquier humano encuentra en los peores momentos y por
supuesto, el juramentarme no repetir los errores de la anterior partida. Tal vez la más
importante, desde el punto de vista práctico- ajedrecista, sea esta última. Mis ultimas tres
partidas fueron jugadas sin ansiedades, sin apurarme, mirando la totalidad del tablero y
sus opciones, abriendo el panorama del horizonte del peligro y pensando sólo en las
variantes de ajedrez, olvidando, siempre que pude, la implicancia de estos cotejos.

A continuación les detallo algunas sugerencias en vistas a poder tomar las derrotas como
instancia clave de crecimiento ajedrecístico:

1) En primer lugar una verdad evidente: las derrotas son una parte necesaria del juego. Por
lo tanto, lo primero que uno tiene que comprender que perder es una alternativa concreta a
la hora de sentarse en el tablero, es más, ocupa el 33,3% de posibilidades (si queremos,
agregar las tablas sólo nos queda desde el vamos 33,3% de posibilidad de victorias). De
más esta decir que con este escenario de fondo, castigarse por perder una partida de ajedrez,
no es el mejor programa de veraneo durante un certamen a muchas ruedas. Es cierto, este
sistema premia a los ganadores y da poco lugar a los que pierden, olvidando que como
dijo un amigo: “Estamos todos en el mismo mazo” y las idas y vuelta de la vida nos desplaza
desde una punta a la otra en el continiun ganar- empatar- perder.

2)  Una derrota es una oportunidad que nos invita a indagar en las propias razones de la
misma, de hecho, en los propios errores cometidos. ¿En dónde radica la importancia de saber
las razones de una derrota? Muy simple, en saber en donde se encuentran mis puntos más
flojos (pueden ser ajedrecísticos o psicológicos) para no reiterarlos en un futuro, o al menos
aminorarlos o convivir con los mismos. Quiero decir, que el indagar en las propias derrotas,
es meterse “en uno mismo”, es conocerse a uno mismo, es el “diván” de uno mismo. Y este
es el primer punto para reconvertir y transformar el propio juego para crecer como ajedrecista
y, si se quiere, como ser humano también.

3) Perder, como se dijo, es una alternativa real durante una partida. Asumir la derrota como
posible es dar un paso importante en el ascenso de cualquier ajedrecista. Hace poco el ahora
ex campeón mundial Vesselin Topalov lo declaraba: “perder no puede ser un drama”. Y creemos
que no lo es, sino que forma parte del crecimiento personal, el saberse sujeto a esta desventura
y a esta posibilidad de rectificar en las próximas partidas los errores cometidos en esta. En la
partida precedente, la ansiedad del triunfo, junto al análisis superficial en algún momento de la
misma fueron dos enseñanzas clave y las otras partidas las encaré con estas premisas en mi
cabeza.

4) Creo que esta partida fue un hecho vital para que pueda finalmente conseguir mi primera
norma. Se trata de una de las derrotas más importantes de mi vida y por ende, la que más me
valió para mi posterior desarrollo profesional. Sin lugar a dudas, esta partida demostró el valor
de una derrota y, reitero, fue trascendental para mis aspiraciones de convertirme en maestro
internacional. Creo que llegó en el momento justo y me obligó a pisar tierra firme y darme
cuenta que la única manera de remontar mi nivel psico- ajedrecístico era no cometiendo los
errores/ horrores realizados durante la partida analizada.

Moraleja: a no amargarse por las derrotas, todas ellas tienen un encanto especial que permiten visualizar
los errores que no deberemos repetir en el futuro. Todas ellas nos fortalecen en nuestro juego y si las
sabemos canalizar en nuestras mentes también lo hacen en la fortaleza anímica, compañera vital en
nuestro juego ciencia. Por lo tanto, a medir se ha dicho, y a disfrutar del ajedrez, de su azar y su perfección.

(*)Mariano Fraschini 
MI - Maestro Internacional de Ajedrez
Representó a Argentina en los Mundiales Rumania 1988 y Chaco 1997
Es docente en el Club Atlético Velez Sarsfield desde 1994.

 

 

Fuente: Revista Comunidad Deportiva Nº 6 Abril 2007

 

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