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14 de Mayo de 2008

El rugby, un deporte que ayuda a la educación de los chicos.

 

Si la educación no lleva implícita valores en sí misma no es educación, es una mera
transmisión de conocimientos. Esto es tan cierto como que el deporte es una
herramienta fenomenal en la formación y en la educación de un joven ya que es una
de las maneras más fáciles de transmitir valores.


En ese sentido, entre todos los deportes, el rugby sigue teniendo esa magia que le da su propia
esencia. Solidaridad, compañerismo y responsabilidad son algunos de los valores que, por
ejemplo, tuvieron a Los Pumas como abanderados.

En Rosario, en los últimos dos años, se realizó una experiencia en la que se intentó llevar el
rugby a las escuelas públicas (ya que por la naturaleza de los colegios privados allí la afinidad
era mayor). Y fue todo un éxito, pero desgraciadamente hoy en día se encuentra en un stand
by.

Alfredo Fasce, reconocido profesor de educación física y hombre de rugby, fue uno de los ejes
de ese desarrollo, y a la hora de contar cómo surgió todo confesó: "La idea es un proyecto de
muchos años como profesor de educación de física. Con un grupo de amigos del rugby nos
preguntábamos por qué este deporte no está metido en la escuelas, como tampoco están
insertos otros. Siempre fue una añoranza y tratamos de impulsar, pero esta vez la inquietud
nació del gobierno de la provincia durante la gestión de Obeid. Cuando arrancamos
contemplamos el pedido que nos hicieron para que lo utilizáramos como un deporte contenedor
socialmente".

—¿Cuándo fue eso?

—El trabajo se dividió en etapas. La primera enseñando rugby a chicos de hasta 13 y 14 años,
con un juego no competitivo; y otra en la que ya hay una gran relación con los clubes. La etapa
inicial comenzó en septiembre de 2006, con un grupo testigo que realizó a fin de año un
encuentro en el Prado Asturiano, en Fisherton, al que concurrieron 240 chicos, entre varones y
mujeres. Paralelamente hubo un conjunto incipiente que estaba queriendo trabajar en San
Lorenzo y se incorporaron al programa. Ese fue el segundo grupo de desarrollo, que terminó
con un encuentro con 320 chicos. La primera etapa terminó con un tercer grupo en la zona Sur
de Rosario, cuyos encuentros se hicieron en el parque del Mercado y que tuvieron como base de
trabajo el Centro de Educación Nº 8 de Grandoli y Gutiérrez. El trabajo se hizo con cinco profesores
con algunas horas afectadas a ese trabajo. Ellos pusieron mucha pasión, y eso hay que destacarlo.

—¿Qué metodología emplearon?

—Fuimos a los colegios, trabajamos un par de clases hasta convencer a los profesores y mostrarles
que era posible. Después le dejábamos elementos (N. de la R: las pelotas fueron donadas por la
URR) para que los mismos profesores trabajaran. Eso tuvo ese efecto multiplicador, de otra
manera hubiera sido imposible.

—¿Qué siguió después?

—Cuando esto empezó a funcionar convenimos en poner en marcha la segunda etapa, que se hizo
en septiembre de 2007. Consistía en el rugby para chicos de 15 a 17, que ya entraban en la parte competitiva. Ahí trabajaron unión, club y colegio.

—¿De qué manera?

—Los chicos representando al colegio y el club aportando los elementos necesarios. Trabajamos
dos meses y se hizo un encuentro en Old Resian, donde participó, por ejemplo, la Escuela 392
Juramento de la Bandera de San Martín y Arijón que hizo simbiosis con Duendes.

—¿Cómo pudo hacerse esto con poca gente y en tan poco tiempo?

—Fue posible porque pegó bien. Se vio que a través del rugby se podían transmitir valores de
la escuela.

—Por la fecha coincide con lo que pasó con Los Pumas en el Mundial.

—Exacto. El seleccionado logró insertarse de tal manera en la sociedad argentina, precisamente
porque eran muchachos que siendo profesionales no habían perdido esos valores éticos, morales
y sociales que tiene el deporte. Y no sólo no lo habían perdido sino que además lo estaban
mostrando. Por eso lo que más le llamó la atención a todo el mundo del deporte profesional fue
la forma en que cantaban el himno. Eso es lo que tiene todavía el rugby. Puede transmitir valores
éticos, morales y sociales como ningún otro deporte.

—¿El objetivo estaba puesto allí?

—La meta era transimitir esos valores a los chicos al mismo tiempo que jugaban al rugby. Luego
había que brindarle la posibilidad de continuidad. El rugby competitivo comienza a los 15 y la
primera etapa de este proyecto era hasta 13 y 14, por lo que era muy difícil incertarlos en los
clubes con esa edad ya que no había competencia.

—¿Entonces?

—La idea era tener una competencia paralela a la de la Unión de Rugby y de orden colegial, donde
hubiera 10 ó 12 colegios, asistidos y apadrinados por cada club, para que esos chicos pudieran
jugar a nombre de la escuela en un torneo colegial, bajo la supervisión del Ministerio de Educación
y de la URR.

—¿Y cuál era el beneficio?

—Esos chicos iban a jugar con su colegio y después iban a continuar sus carreras en el club que los
apadrinara. La ecuación era perfecta: cumplíamos con todos los objetivos planteados: continuidad
de trabajo y proyección de los chicos permitiéndoles incertarse en el rugby competitivo juvenil.

Esto funcionó pero llegó el cambio de autoridades. "Los gobiernos que recién comienzan quieren
reveer un poco que es lo que se está haciendo, ver qué es lo que funciona bien y mal y hoy por hoy
esto está momentáneamente paralizado. Quiero creer que esto está en un proceso de análisis y
que a corto plazo deberíamos darle continuidad a este trabajo", confió Fasce con una cierta dosis
de esperanza

Fuente: Diario La Capital

 

       

 

 

 
 
 

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