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22 de Julio de 2007

Fontanarrosa y el fútbol: Rosario, la pelota y la palabra.

 

 

"Sólo dos veces mi mujer se animó a interrumpirme la siesta. Una para decirme que
habíamos ocupado las Malvinas, y la otra que Diego había firmado con Ñuls". Con
estas palabras, Roberto Fontanarrosa expuso simple y claramente su pasión por la
camiseta de Rosario Central. A diferencia de muchos chicos, en el caso de El Negro la
pasión futbolera no llegó por influencias paternas ya que Berto, su papá, era amante de
otra pelota: la de básquet.

Su amor canalla esta más bien ligado a la ciudad que lo vio nacer, Rosario. De sus calles,
veredas y bares, sacaría ideas para dar vida a sus cuentos que sienten y respiran los
ecos de míticos partidos jugados o apuestas por los clásicos que vendrán. Históricamente,
Central, creado por empleados de ferrocarril, se identificó como el equipo del pueblo,
tradición que supo transmitir en El Negro en sus cuentos de fútbol.

De la mano de sus compañeritos de escuela, Fernando y Alejandro Gutiérrez, amigos que
aún hoy conforman el "Círculo de Galanes" que solían reunirse en el mítico café El Cairo,
Fontanarrosa conocería el Gigante de Arroyito. De aquellos encuentros saldrían las
primeras imágenes de wings y centrofowards; de viejos puteando en las tribunas y
epopeyas escupidas desde el audífono radial. "Si tuviera que ponerle música de fondo a
mi vida serían los relatos de un partido de fútbol", solía decir el rosarino que todos las
tardes de domingo se refugiaban en la compañía radial para seguir las transmisiones
deportivas. Decía que tener ese "ruido" de fondo lo tranquilizaba.

"Posiblemente todas las horas que dediqué a ver fútbol o ir a la cancha, los intelectuales
más serios las ocuparon leyendo. Ellos elegían a Tolstoi mientras yo leía "El Gráfico",
solía decir.

En "La observación de los pájaros", uno de sus primeros cuentos, Fontanarrosa comparte
este sentimiento inadmisible. En la historia, un hincha calma su efervescencia durante un
clásico Rosario-Newell´s, deambulando sin rumbo en la siesta rosarina y dejándose llevar
por el ruido de los pájaros para saber cómo iba el partido.

En el año 1981, cuando el régimen militar instalado en el país ya veía de cerca su camino
de salida, Editorial Pomaire publicó "Best Seller", novela inicial de Fontanarrosa. Y al año
siguiente, el mismo sello lanza, "El área 18", su secuela.

Para 1985, y ya pasado el mal trago por el descenso de Central, publica más cuentos de
fútbol, recopilados en el libro "El mundo ha vivido equivocado".

Se trata de "Lo que se dice un ídolo", "Memorias de un wing derecho" (la reconocida
historia de un olvidado jugador de metegol), "Lo que se dice jugador al fulbo", ¡Qué
lástima Cattamarancio!

Luego llegarían una nueva camada de narraciones futboleras, inspiradas, sin dudas, en
la felicidad que produjo en el negro el campeonato con el que se alzó su club ese año.
De esta época son "El ltimo Saliero" y "El pichón de Cristo", incorporados en el libro "No
se si he sido claro". Su cuento más memorable es "19 de septiembre de 1971".

Antes de la aparición de la esclerosis lateral amiotrófica, la enfermedad que lo dejó
encadenado a una silla de ruedas, Fontanarrosa jugaba infaltablemente cada semana.
Así bromeaba sobre sus habilidades: "Por suerte, así como perdí velocidad y fuerza,
paralelamente perdí el amor propio. Entonces, cuando algún chico me pasa, me resigno:
ma´ sí, que se vaya, no me caliento. Ir a jugar y a reirme un rato con los amigos es
una descarga.

Ya para 1998, dos nuevas publicaciones divulgaban su talento para demostrar como
pocos, el arte de fusionar la pelota y la palabra. "La Barrera", "La pena Máxima", "Betito"
y "Los nombres" fueron editados por De la Flor, en 1997, dentro del libro "Los trenes
matan a los autos". Un año después se sumarían "Entre las cañas", "Plegarias a la virgen",
"Algo le dice Falero a Saliadarré" y "Relato de un utilero", en las páginas de "Una lección
de vida".

"Me pone muy nervioso escuchar partidos de Central porque no ves lo que pasa y siempre
parece que las jugadas son de peligro. Pero si yo estoy pasando estaciones en la radio y
de golpe encuentro una transmisión de fútbol que yo no esperaba, es como que me da la
tranquilidad que todo anda bien en el mundo", contaba el Negro.

Para 1990, año futbolero por la expectativa desatada por el Mundial de Italia, se publican
dos nuevas historias con hazañas dentro un campo de juego. Son: "Filmar Everton
Cardaña, número 5 de Peñarol" y "La columna tecnológica. Fútbol y Ciencia", que
aparecieron en el libro "El Mayor de mis defectos". Tres años más tarde, llegaría el turno
de "Escenas de la vida deportiva" y "Jorge, Daniel y el gato", publicadas en "Uno nunca
sabe".

En 1995, aparecen los cuentos "Cenizas" y "La observación de los pájaros", recopilados en
"La mesa de los galanes·. En el año 2000, llegaría publicado por la Editorial Sudamericana
"No te vayas campeón. Equipos memorables del fútbol argentino", su última publicación.

"Yo me doy cuenta que con los años las manías y las locuras se acentúan, es mentira que
uno se convierte en más sabio. Yo no se si sufro más ahora con Central que cuando era
chico, a veces me pregunto "¿cómo puedo ser tan pelotudo?" Creo que si no se entiende
que esto es una pasión, y las pasiones son bastantes inexplicables, no se entiende nada
de lo que pasa en el fútbol". Fontanarrosa, un genio que nunca morirá.


Fuente: MinutoUno.com

       

 

 

 
 
 

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