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17 de Noviembre de 2009
Galvano, una promesa rosarina del tenis de mesa
Por culpa del tenis de mesa quedó libre en el primer año de la escuela secundaria.
Nicolás Galvano estaba en una encrucijada. No quería abandonar el estudio y
menos el deporte. Se enteró de un proyecto de la Secretaría de Deporte de la
Nación que le da la posiblidad a jóvenes de todo el país de vivir y entrenar en el
Cenard y a la vez concurrir al colegio del mismo centro deportivo. Solicitó una
beca y fue aceptado, siendo el primer antecedente de un rosarino que participa
de esta iniciativa que nació en 2005.
A los 14 años, Nicolás es una promesa del tenis de mesa. Conoció el juego en
el club Gimnasia y Esgrima. “Miraba seguido jugar a quien luego sería mi
entrenador, Damián Rajmil, y a otro chico que ahora se encuentra en España. Un
día decidí probar y me gustó. Tenía 10 años y de a poco fui mejorando. Llegué
a torneos nacionales y el año pasado gané el Sudamericano (Ecuador) y el
Latinamericano (Buenos Aires) de la categoría Sub 13”, cuenta el joven.
Debido a esas participaciones internacionales y a sus entrenamientos con la
selección en Buenos Aires, cuenta que su boletín de faltas en el Liceo Avellaneda
se fue engrosando de inasistencias. Hasta que superó el límite y quedó libre.
Encima tampoco pudo rendir las materias por concurrir a otro torneo en Uruguay.
“Estuve averiguando y me enteré de la existencia de la escuela que funciona en
el Cenard. Desde marzo que estoy ahí. Junto a una chica de Bariloche, somos los
únicos jugadores de tenis de mesa. Y soy el primero de Rosario”, dice.
Tiene cubiertos los gastos de estudios, alojamiento y comida. La adaptación le
costó un poco. Pero se acostumbró a la vida y a la rutina diaria. Educación física
por la mañana, escuela por la tarde y luego entrenamiento.
La escuela a la que asiste otorga el título de bachiller con orientación en ciencias
sociales.
Se apoya mucho en un atleta chaqueño con el que convive en la habitación del hotel
del Cenard. “Compartimos todo lo que nos pasa. Los 40 chicos que formamos parte
de este proyecto de estudio tenemos cosas en común y no nos sentimos tan solos”,
sostiene.
“En Rosario, iba a la escuela y no podía entrenar bien, o al revés. Ahora eso no pasa.
En el colegio me justifican las faltas cuando viajo a competir. Eso me da una gran
tranquilidad. Después nada cambia con respecto a otros colegios”, dice.
Fuente: Rodolfo Parody
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