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26 de Agosto de 2008

¿A qué se va a un Juego Olímpico?

de Marcelo Gatman

¿A qué se viaja a los Juegos Olímpicos? Pocos vienen a lo mismo y muchos
encuentran lo que venían a buscar. Desde ese lado, si tantos encuentran
un modo de satisfacción viniendo a Pekín  o habiendo ido a Atenas, la
pregunta sobra. Pero indagar sobre a qué se viene a un juego olímpico
encierra una búsqueda sobre cuales son las intenciones que tiene un país
en su área deportiva cuando envía una delegación a una competencia de
esta magnitud. Puede haber deportistas sin que haya políticas deportivas,
pero no hay políticas deportivas sin deportistas. ¿Qué irá primero?


Cada 4 años discutimos las mismas cosas. Y quizás debamos debatir en vez
de discutir para que el intercambio produzca proyectos. Pero si eso no es posible
a lo mejor tenemos que empezar a discutir cosas nuevas. ¿A qué viene un
deportista a un juego olímpico? ¿Otros países, otros enviados especiales, se hacen
la misma pregunta? Indagar sobre la cuestión es un desafío sobre todo cuando
la Argentina, por segundo juego consecutivo, vuelve a conseguir al menos una
medalla dorada.

Vivir el sueño olímpico es una expresión muy difundida bajo la cual conviven
ambiciones, fantasías, errores, debuts, despedidas, ganas de conocer gente, cierres
de ciclos, aperturas de otros y posibilidades de ganar medallas. Nadie se atreve
a poner en consideración quiénes deberían  y quiénes no experimentar el sueño
olímpico. Los deseos son individuales y grupales, según sea el deporte y la vivencia
es absolutamente personal. ¿Quién tiene autoridad para decir que alguien no debería
participar en un Juego Olímpico y frustrar su sueño? 

La reflexión excede la contingencia de los resultados, que tampoco están al margen
del contexto de este acontecimiento: ganar y perder siguen siendo variables ineludibles
del deporte. Todavía hay posibilidades de conseguir medallas en varios deportes como
el fútbol, el básquetbol, el hockey y el yachting. La fresca medalla dorada de Juan
Curuchet y Walter Pérez en la prueba Madison en ciclismo debe entrar en la
contabilidad, como también la  medalla de bronce en judo de Paula Pareto, lo mismo
que el diploma conseguido por Julio Alsogaray con su séptimo lugar en Laser. Definir
las razones que llevan a participar de un Juego Olímpico es un concepto previo al
juicio que establecen los resultados.

Hay atletas que están decepcionados porque los futbolistas de la selección argentina
no se alojan en la Villa. Querían fotos, autógrafos y gozar de la cercanía que dan
los Juegos para poder ser fans con privilegios. Los futbolistas consideran a la Villa,
donde ya estuvieron menos de 72 horas, como un lugar incómodo, sin las facilidades
que puede tener un hotel full-full en Pekín donde hay alojamientos 7 estrellas.

El ejemplo muestra los límites débiles y difusos que encierra la pregunta inicial. A los
Juegos Olímpicos no se viene a pedir autógrafos ni a fotografiarse con otros atletas
como si esto fuera un parque temático de celebridades deportivas. En todo caso, eso
forma parte de una serie de postales que arman el álbum completo de la competencia
deportiva: entrenarse, competir, intentar ganar y hacerlo en un ámbito único e
irrepetible, de absoluta comunión con deportistas del mismo país y de otros. Famosos
y nadies. Profesionales y amateurs.

Pero tampoco se viene a un Juego Olímpico a blindarse del mundo exterior como si ésa
fuera la única fórmula que puede, sino garantizar, conducir al éxito. El intercambio
deportivo y cultural, una leve noción de lo que viven, disfrutan, padecen y sueñan pibes
como los que ellos fueron, y aseguran que siguen siendo en más de una ocasión, no 
son un impedimento para el objetivo central: la medalla dorada. Al fin y al cabo el
fútbol ya ganó una hace cuatro años cuando el wifi no era una tecnología de uso
doméstico.

Manu Ginóbili fue a ver a Michel Phelps y Luis Scola a Rafael Nadal. Pero no vinieron a eso.
Vinieron también a eso.

De todos modos no existe un solo lugar desde donde mirar el Juego Olímpico y la
trama de relaciones que lleva en sus venas. Michael Phelps, el máximo ganador de
medallas doradas en estos Juegos y en toda la historia olímpica, se cruzó con Rafa
Nadal para una foto y luego llevo en la Villa una rutina de reclusión permanente para
comer, dormir y tratar de respirar fuera del agua. Rafa Nadal, en cambio, ganó la
medalla dorada en tenis para solidificar un año histórico y transitó por la Villa como
un turista lleno de curiosidad. Roger Federer fue a la villa solamente a saludar, fracasó
en singles y se va con la medalla dorada en dobles. Y vale mucho: se la ganó a los
mellizos Bryan cuando con Wawrinka los dejó eliminados en semifinales. Los jugadores
de básquetbol de Estados Unidos fueron frenados y enviados al bronce por la selección
argentina en Atenas 2004. Vivían en un barco-hotel de lujo en el puerto de Pireos. Acá,
ya en 2008, se alojan en la Villa y las fotos con Kobe Bryant con los atletas son tan
populares como el té. Ser más humanos era parte del plan de viaje de los NBA para no
fracasar en el básquet de la FIBA y no derrapar en el sabroso mercado chino.

El deporte argentino debe decidir para Londres 2012 para qué quiere que sus atletas
vayan a los Juegos. Los olímpicos son un ámbito de competencia, la máxima en el
95 por ciento de los deportes que aquí se juegan. Son un cosmos que contienen altas
ambiciones, dedicación profesional y una convivencia que se asemeja a una
estudiantina donde las figuras deportivas se hacen las camas y cargan sus bolsos.

No seremos los enviados especiales los que tengamos que decir quién sí y quién no.
Las autoridades deportivas, políticas y de federaciones, son las encargadas de poner
la vara a la altura necesaria para que la salten aquellos que están capacitados para
hacerlo.

Marco Polo fue el primer “turista” que mostró lo atractivo que podía ser visitar China.
Ya en los Juegos,  ir a comprar baratijas truchas en el Mercado de la Seda , tiene que
ser un atractivo más del viaje y no el único motivo. Y  lo  mismo debería correr para
la feria de Portobello Road, en Londres, en 2012. Si no podemos encontrar las
respuestas a lo de siempre, cambiemos las preguntas.

Por Marcelo Gatman

       

 

 

 
 
 

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