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8 de Agosto de 2008
Qué fantástica fiesta
En el Estadio Olímpico de Pekín, ante más de 90.000 espectadores, se
vivió una de las más impactantes ceremonias inaugurales de la historia
de los Juegos Olímpicos. Con un espectáculo brillante que duró más de
cuatro horas, se dio comienzo oficialmente a la máxima cita del
deporte mundial. El gimnasta Li Ning, triple medallista de oro en Los
Angeles 1984, encendió el pebetero.

La gran fiesta del deporte ya se vive a pleno en la capital de China. Una imponente
e inolvidable ceremonia inaugural marcó la apertura oficial de los Juegos de la XXIX
Olimpíada. Con la presencia de más de 80 funcionarios de distintos países y ante
un marco imponente (91.000 espectadores sentados), el Estadio Nacional de Beijing
fue testigo de un inicio espectacular: la cuenta regresiva precedió a un grupo de
músicos que, a ritmo de tambor, hizo temblar el "Nido de Pájaros". A continuación,
un juego de luces para presentar a los anillos olímpicos, símbolo máximo del
espíritu deportivo, que mágicamente se elevaron desde el suelo ante la ovación de
la multitud.
El rico legado cultural chino estuvo a disposición del evento, con coreografías y efectos
tridimensionales que repasaron grandes inventos (la pólvora, el compás) y célebres
frases del filósofo Confucio. Todo ello, reflejado de manera inmejorable por miles
de actores y bailarines que recorrieron el campo acompañados por músicas tradicionales.
Enseguida, el suelo del estadio volvió a desplazarse -otra muestra fantástica de
tecnología avanzada- para darle paso a un grupo de chicos que, con dulces
movimientos, transmitió un mensaje claro: hay que cuidar nuestro planeta. Fue un
pedido de conciencia sobre grandes problemas de la actualidad, como el calentamiento
global, las especies animales en peligro de extinción y la deforestación.
Exactamente una hora después del inicio de la ceremonia, el ídolo del pop local Liu
Huan interpretó la canción oficial de los Juegos junto a la soprano inglesa Sarah
Bightman. Luego llegó el momento de los grandes protagonistas de Beijing 2008, los
atletas, quienes comenzaron su desfile por "El Nido". El judoca griego Ilias Iliadis
abrió el camino de las 204 delegaciones.
A las 11.10, en el 107° lugar, llegó el turno de nuestro país. Emanuel Ginóbili,
el mejor basquetbolista argentino de todos los tiempos, encabezó la
delegación de 140 personas (atletas y miembros del Comité Olímpico Argentino)
con la bandera en alto. Unos pasos más atrás, emocionados, sus compañeros del
seleccionado y el resto de los deportistas nacionales, con Las Leonas y los nadadores
poniéndole alegría al recorrido por el estadio.
En último lugar, como es costumbre, el anfitrión: la delegación china (la más numerosa
de la historia olímpica) conmocionó el estadio acompañando al gigante Yao Ming,
compañero de Luis Scola en los Houston Rockets de la NBA. Posteriormente llegaron
los discursos del presidente de la República Popular China, Hu Jintao, quien abrió
oficialmente la competencia, y del titular del Comité Olímpico Internacional (COI), el
belga Jacques Rogge.
El izamiento de la bandera de los Juegos antecedió el momento cumbre de la noche de
Beijing: el revelo final de la antorcha olímpica. El gimnasta Li Ning, quien ganó tres
medallas de oro en Los Angeles 1984, voló por el estadio colgado de un arnés para
encender el pebetero, cuya llama vivirá a lo largo de los Juegos. La despedida (ya
pasadas las 13 en nuestro país) fue con fuegos artifíciales, dándole un cierre muy
colorido a una ceremonia que será difícil de olvidar.
Li Ning encendió la llama olímpica

Li Ning, quien hoy fue el encargado de encender el fuego olímpico, encarna como
ningún otro la versión china del sueño americano: pasó de la pobreza absoluta a
convertirse en un empresario multimillonario.
El ex astro de la gimnasia, de 44 años, nació en septiembre de 1963 en Guangxu,
una de las provincias chinas más pobres en el sur del gigante asiático. Tuvo un
obstáculo adicional: Li no es un chino de la etnia han, sino de la minoría de los
zhuang.
Su talento le sirvió para salir de la miseria. En 1984, ganó tres medallas de oro,
dos de plata y una de bronce en los Juegos Olímpicos de Los Angeles. En su patria,
sus logros le valieron el apodo de "Príncipe de la gimnasia".
Li Ning puso fin a su carrera deportiva en 1988 y se convirtió en exitoso fabricante
de ropa y artículos deportivos. Poco habitual para China es el hecho de que llamara
a la empresa con su propio nombre. Li-Ning Sports Goods compite en China con
Nike y Adidas. Es, además, la marca que viste a los seleccionados argentinos
de básquetbol.
Para el deportista, la presencia estelar en la ceremonia de inauguración en el Estadio
Nacional de Beijing valió la pena: inmediatamente después de conocerse los primeros
rumores sobre su presencia allí, se dispararon los valores de las acciones de su
empresa en la bolsa de Hong Kong.
Fuente: Diario Deportivo Ole
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