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10 de Diciembre de 2008

La mayor aventura en la carrera de Santiago Lange

 

El medallista olímpico participa de la Volvo Ocean Race; dará la
vuelta al mundo en nueve meses.



La quietud reina en el muelle del club Náutico San Isidro. Apurado, Santiago Lange
irrumpe en la paz de la tarde y se disculpa por la demora. Estará aquí sólo hasta
mañana, cuando volará hacia la India para continuar en la Volvo Ocean Race, una
carrera que da la vuelta al mundo en alrededor de nueve meses, y para la cual fue
convocado por sus múltiples cualidades. Para muchos, Lange es un sabio de los
mares; conoce los barcos como arquitecto naval, pero también es un experto en
tácticas y lecturas del clima y lleva la navegación bajo la piel. Tanto como la
camiseta argentina, como lo demuestran sus cinco participaciones olímpicas y los
bronces obtenidos en Atenas 2004 y Pekín 2008, con Carlos Camau Espínola como
compañero de la Clase Tornado.

Ya había competido en otras regatas de máximo nivel, como la Copa América, pero
Lange vive ahora un reto extremo como jefe de guardia y timonel del Telefónica
Negro, uno de los ocho barcos que compiten en esta competencia de 37.000 millas
náuticas (poco menos de 70.000 km), en diez etapas, con llegada en San Petersburgo,
el 27 de junio próximo. Hasta aquí, se disputaron dos regatas, y el Telefónica Negro
ocupa el sexto puesto, mientras que el líder es el Ericsson 4. La tercera comenzará
el sábado próximo, en Cochin (India).

Lange aprovechó estos días para reunirse con tres de sus cuatro hijos -el mayor vive
en España-; luego serán ellos quienes lo visiten en algunos de los puertos. "Me
dieron un permiso especial para volver, porque los extraño mucho. Es durísimo,
pero ellos saben cómo es esta pasión, lo entienden y siento que me acompañan".

-¿Cómo viviste estas primeras etapas?

-La Ocean Race era una de las regatas que me faltaban. Estuve en los Juegos
Olímpicos, en campeonatos mundiales, pero estaba la posibilidad de dar la vuelta
al mundo y era algo que me faltaba. Y es una experiencia de vida increíble, con
muchas vivencias, aunque a veces cuesta entender por qué te gusta tanto. El físico
lo arriesgás, hay una exigencia muy fuerte. Estás aislado de todo, porque tu cabeza
se focaliza en la carrera. Pero uno también piensa por qué me gusta estar acá, si
estoy entre 17 y 25 días mojado y casi sin dormir, comiendo cualquier cosa en un plato
de perro y sin ducharme
. Y descubrí que me gusta porque me permite competir 20
días seguidos, día y noche; porque podés ir último y sabés que tenés tiempo
para mejorar, porque recorrés los mares del mundo; estoy en lugares a los que
no va nadie, con paisajes maravillosos, donde tus compañeros son los albatros,
los petreles? que primero te parecen maravillosos, y luego sabés que están ahí
por si se cae uno al agua, porque te atacan los ojos y te comen crudo. En realidad,
si uno cae al agua, la palma , casi no hay posibilidades.

- Por lo que contás, es todo muy sufrido.

-Pasa que es duro, porque el agotamiento tiene unos niveles altísimos. Imaginate
que se comparte la cama, la bolsa de dormir, el lugar en que te cambiás... Cualquier
cosa que no esté en orden hace que parezca un caos a bordo; hay distintas opiniones
sobre cómo navegar; problemas de carácter que fermentan durante 20 o más días
de navegación. Hay que tener paciencia, flexibilidad, mucha experiencia y
profesionalismo para salir adelante, pero por suerte a nosotros nos va bien. Hay
muchos momentos de gran compañerismo, de saber que tenés que cuidarlos y
ellos te cuidan, esas pequeñas cosas que hacen que, sin darte cuenta, llegás a
puerto y querés volver a la regata. Un equipo unido es importantísimo. En ese
sentido, esta es una regata que enseña mucho.

-¿En qué momento de tu carrera sentís que llega este desafío?

-En el final, ja... Quizás hoy siento que llevo muchos años con demasiado trajín.
Tuvimos un ciclo intenso con Camau, en el que formamos un equipo de la nada,
luego pasé la Copa América, en la que tenía un papel importante; regresé al ciclo
olímpico para Pekín y ahora me involucré en esto. Pasa que disfruto lo que hago,
y me cuesta decir que no. Quiero quedarme un par de años en la Argentina, pero
veremos si después no sale ningún otro proyecto interesante.

-¿Está descartada la continuidad olímpica?

-No, para nada. Estamos esperando que se resuelva la situación de la Clase Tornado,
para ver si sigue como disciplina olímpica. Hasta agosto próximo no está segura la
resolución; cuando se decida, nos juntaremos con Camau para ver si tenemos la
energía para trabajar y llegar a los Juegos de Londres 2012 con posibilidades de
ganar una medalla. Si estamos convencidos, vamos a seguir. Y si me toca dar una
mano desde otro lado, me gustaría estar como entrenador.

Fuente: Diario La Nación

 

       

 

 

 
 
 

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