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29 de Agosto de 2008

Más de 20 chicos golpean a entrenador de fútbol
instigados por sus padres

 

La golpiza que recibió el entrenador del club Rivadavia, de Lincoln, que
participa del Torneo Argentino A, de parte de más de 20 chicos de las
inferiores de Mariano Moreno, de Junín, incitados por el progenitor de
uno de ellos, puso de manifiesto otra vez la nociva incidencia paterna
en el desarrollo deportivo de sus hijos.



El agredido en cuestión fue Juan Carlos Pírez, coordinador de todo el fútbol del
prestigioso club Rivadavia, de la localidad bonaerense de Lincoln, que el próximo
fin de semana comenzará con serias aspiraciones su participación en el Torneo
Argentino A, buscando un lugar en el campeonato de la B Nacional. Pírez, de 55
años, ex jugador de Racing Club, de Avellaneda, en los 70, es oriundo de la vecina
ciudad de 9 de Julio y fue uno de los principales impulsores del crecimiento de esta
institución, trabajando esencialmente con las inferiores de las que surgieron
jugadores que hoy actúan en primera división. Estos son los casos de Rolando
Schiavi (Boca, Argentinos Juniors y hoy Newell's) y su hermano Fabio (Chacarita
Juniors), Juan Bottaro (Arsenal de Sarandí), Diego Castaño, Guillermo Suárez y
Pablo Fontanello (todos en Tigre).

En inferiores, Rivadavia compite en la Liga Deportiva del Oeste (L.D.D.O), de la
provincia de Buenos Aires, presentando todas sus categorías desde cuarta a décima
división. En el marco de esa competencia el club linqueño viajó el sábado pasado a
la ciudad de Junín, donde enfrentó a sus pares del Mariano Moreno local (allí jugó
alguna vez el ex River Plate Oscar “Pinino” Mas).

Al cabo de la jornada Rivadavia se impuso en tres categorías, empató en otras tantas
y perdió en la restante. Hasta allí, toda una fiesta de aparente confraternidad
deportiva e integración juvenil. Hasta que el desenfreno de los padres que sueñan
para sus hijos destinos de estrellas futbolísticas trastocó esa imagen. Pírez recibió
tantos golpes en la cabeza, cara y distintas partes del cuerpo que no tiene
posibilidades de comer con normalidad y mucho menos de hablar, por lo que Télam
dialogó con su esposa, Lidia Barcilio, que justamente lo acompañaba en el momento
de la agresión, para que relatara lo sucedido. “Mi marido estaba charlando con
Marcos Holman, técnico de la quinta, cuando hay una jugada que podía derivar en
penal para Rivadavia, pero el árbitro no lo cobró. Entonces Juan Carlos le reclamó la
falta y allí empezó todo”, contó la esposa de Pírez. “Apenas lo escuchó, una persona
de unos 35 años, que después supimos se trataba del padre de un chico de la quinta
división de Mariano Moreno que estaba jugando en ese momento, le reprochó a
mi esposo que le reclamara al árbitro, lo que derivó en un cambio de palabras, hasta
que esta persona lo desafió a pelear afuera del estadio”, precisó.

Barcilio indicó que Pírez no le hizo caso “y se fue para los vestuarios a saludar a los
chicos. Entonces un padre de Rivadavia le avisó que ese hombre lo estaba esperando
afuera y se lo veía muy exaltado, por lo que no era conveniente que saliera enseguida”.
“Pero Juan Carlos no le hizo caso y salió rumbo al micro con los chicos. Entonces este
hombre lo invitó a pelear en una placita que había enfrente. Como él no le hizo caso,
llamó a un grupo de no menos de 25 chicos de las inferiores del club local que estaban
allí munidos de caños, palos y cadenas, quienes lo encerraron en una calle lateral
estrecha y empezaron a golpearlo”, describió.

“Yo me quedé paralizada, porque los pibes, que no tenían más de 14 o 15 años, le
pegaban brutalmente a mi esposo mientras este hombre los arengaba. En un
momento pensé que lo mataban, porque la gente de Rivadavia que había acompañado
a los equipos tardó en darse cuenta de la situación e intervenir”, refirió Lidia. La mujer
sostuvo que recién “después de un rato que pareció eterno pudieron intervenir algunos
padres para defender a Juan Carlos, lo que derivó en una batalla campal. Pasaron
como diez minutos hasta que llegaron algunos policías para dispersarlos. Y cuando
corrí hacia mi marido, lo vi con la cara y la cabeza destrozadas”. “Tiene cinco puntos
de sutura en la cara, le arrancaron dos dientes de raíz, un golpe terrible con una
cadena entre el hombro derecho y el cuello, un corte profundo en la cabeza por un
caño y en el brazo izquierdo por un palazo”, puntualizó la señora de Pírez.

“La verdad que no hicimos la denuncia policial porque no quisimos complicar al club,
aunque nos dijeron que se va a actuar de oficio. La que tendrá que intervenir será la
propia liga, para castigar a los responsables y, sobre todo, hacer algo para que esto
no se repita”, enfatizó la mujer. El presidente de la L.D.D.O, Claudio Yópolo, y algunos
dirigentes, se comunicaron con Pírez para repudiar lo acontecido y asegurarle que el
caso no quedará impune y se tomarán medidas a futuro.

Es usual ver a padres enardecidos, instalados a los costados de las canchas donde sus
hijos juegan al fútbol o a cualquier otra actividad deportiva, que insultan a rivales y
presionan a sus hijos como si en ello les fuera la vida. Los psicólogos hablan de
“frustración traslativa”, por la que canalizan en sus hijos lo que ellos no pudieron
conseguir cuando soñaban con ser deportistas reconocidos. En el caso de Pírez, esto
se transformó en un episodio de extrema violencia incitada por un padre hacia un
grupo de adolescentes. Y los resultados pudieron ser trágicos.


Fuente: TELAM

 

       

 

 

 
 
 

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