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07 de Agosto de 2007

Políticas criminales y deporte.

de JAVIER RALUY MARRERO


La “seguridad” constituye una de las principales preocupaciones de todos los ciudadanos,
históricamente la especie humana ha procurado protegerse de todo aquello que pueda
atentar contra la integridad física y psíquica del propio individuo, salvaguardando los
intereses materiales, personales, familiares, así como muchos otros de distinta índole.
Las necesidades más básicas del ser humano pasan por garantizar unos niveles óptimos
de seguridad, que permitan el desarrollo personal y colectivo de la propia especie, y que
permitan combatir aquellos elementos subversivos y desviados de la normalidad estadística.

Esta breve reflexión tan sólo pretende justificar el interés social por combatir aquellos
comportamientos delictivos con los que nos encontramos cada día, la delincuencia
constituye una realidad universal que traspasa fronteras, afectando hasta el último rincón
de nuestro mundo. A pesar de ello, las políticas criminales desarrolladas por los distintos
gobiernos no son perfectas, tienen lagunas y amplias grietas por las que se cuela la
desviación delictiva. Además, las sociedades menos desarrolladas socialmente “no
saben” detectar o diferenciar muchos de esos comportamientos desviados que pueden llegar
a conformarse como conductas delictivas.

Sirva como ejemplo, la problemática de la violencia de género, una realidad que parecía no
existir hasta hace pocos años. En la misma línea, existen otros comportamientos
desviados que deben ser abordados y tratados, tal es el caso de la violencia que se genera
y/o reproduce en el mundo del deporte. Si bien, para algunos éste no es un asunto
lo suficientementepreocupante como para proponer medidas de actuación, la realidad viene
a demostrar todo lo contrario. No sólo porque la historia del deporte nos ha dejado
antecedentes violentos con múltiples muertos, sino porque, cada día, cada fin de semana,
el deporte es fiel testigo de actitudes que se alejan de lo deportivo para acercarse a lo delictivo.

Amenazas, insultos, agresiones físicas, atentados contra el patrimonio, vejaciones, fraudes
económicos, apología de la xenofobia, etc., son sólo algunos ejemplos de comportamientos
delictivos o desviados que se reproducen alrededor de las actividades deportivas. Por tanto,
el deporte no es sólo ocio, recreación, educación en valores, salud, etc., sino que
también tiene su cara oscura. Pero el problema radica en la no denuncia de esos
comportamientos, parece normal y aceptado que podamos acudir a  presenciar un
espectáculo deportivo o a ver jugar a un hijo nuestro en un equipo de fútbol base, al
mismo tiempo que insultamos al árbitro del encuentro deportivo. Si este ejemplo no genera
reflexión en el lector, si no produce rechazo, es un claro síntoma de que nuestra sociedad
tiene un gran trabajo por hacer.

Un insulto, una amenaza, o cualquier otro de los comportamientos delictivos relacionados,
debería tener la misma consideración en un entorno que en otro, es decir, no deberían ser
menos importantes que aquellos otros que se reproducen en nuestro entorno laboral, en
nuestro núcleo familiar, con nuestro grupo de amigos, etc. A partir de esta apreciación,
podemos empezar a trabajar en valores, podemos reducir el número de conflictos deportivos
que llegan hasta la justicia ordinaria, y podemos lograr de manera efectiva que la práctica
deportiva tenga un importante valor pedagógico, sirviendo como elemento integrador y de
cohesión social. 

Las políticas criminales relacionadas con el deporte, deben ser desarrolladas en dos sentidos, y
en dos o más niveles de intervención. Podemos desarrollar políticas de prevención de
comportamientos desviados y comportamientos violentos que se reproducen en torno al mundo
del deporte, disminuyendo con ello las estadísticas oficiales de la criminalidad, las cuáles
recogen una mínima parte de los delitos y faltas realmente acontecidas, e interfiriendo
positivamente en la divulgación de valores que son traslados a otras esferas o áreas de nuestra
sociedad.

En otro sentido, tenemos la oportunidad de que esas políticas criminales hagan buen uso del
deporte como herramienta para la reducción de la delincuencia juvenil, la integración social de
las clases más desfavorecidas y la re-inserción socio-laboral de la población penitenciaria.
Además, se puede actuar en distintos niveles, no sólo hablamos de Macro-políticas, es decir,
grandes leyes o disposiciones normativas internacionales o nacionales que regulan la práctica
de espectáculos y actividades deportivas, también es posible trabajar desde un entorno más
próximo, desde nuestra región, desde nuestro municipio y desde nuestro propio barrio, hablando
entonces de micro-políticas.

Como se ha indicado anteriormente, parece existir un consenso social respecto a la utilidad del
deporte en la prevención de la delincuencia, a pesar de ello los distintos centros penitenciarios,
los centros de menores (de acogida o de cumplimiento de medidas judiciales), los barrios más
desfavorecidos, los núcleos poblacionales en situación de riesgo, etc., etc., no cuentan con
los recursos suficientes que les permita elaborar un plan o modelo de intervención
“deportivo”, un modelo dirigido, con unos objetivos claramente delimitados.

Por último, y atendiendo a la naturaleza de una web como IUSPORT, considero necesario
proponer una reflexión sobre el “fracaso relativo” del modelo punitivo con el que se ha tratado
de prevenir los conflictos abordados en este artículo. Si bien ha sido necesario construir un
marco normativo suficientemente amplio que de respuesta a determinados problemas de
seguridad (principalmente en el entorno del deporte profesional), los problemas de violencia
acaecidos en el deporte base o amateur tutelados por las distintas federaciones deportivas,
reflejan la inoperancia de las medidas propuestas hasta la fecha.


Javier Rauly Marrero -Criminilogo-


Fuente: Iusport

 

 

       

 

 

 
 
 

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