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9 de Agosto de 2009

Natación y Asma

 

Que el deporte más adecuado para un paciente que padece asma
es la natación lo hemos oído en múltiples ocasiones. Sabemos que
hay muchos deportistas de gran nivel internacional que son
asmáticos y que su deporte es o ha estado relacionado con el agua.


Desde los inolvidables, Rick Demont, Mark Spitz o Greg Louganis, a los actuales
Tom Dolan, uno de los nadadores más prestigiosos de EE.UU. en estos momentos,
o Amy Van Dycken la primera mujer americana que ganó cuatro medallas de oro
en unos JJ.OO. El listado de nadadores famosos con asma es realmente extenso.

En nuestro país también gozamos de estos deportistas que superando su enfermedad
llegan a ser tan buenos o mejores que sus compañeros no asmáticos. Los encontramos
formando parte de la selección nacional de natación sincronizada, del grupo de
saltadores de trampolín y palanca, o en un buen número entre los aspirantes junior
y senior de carreras o de las selecciones A y B del combinado nacional de waterpolo.
Este es un hecho curioso si partimos de la base que en nuestro país hasta el
momento actual no se orienta al niño asmático a que practique ningún deporte, y
por consiguiente la natación. Esta situación la confirman los propios deportistas 1-3,
a diferencia de otros países donde esto sí ocurre.

Para poder comprender el porqué de la relación beneficiosa entre la natación y el
asma debemos conocer las características del asma de esfuerzo que nos explicará
en su origen fisiopatológico las causas de las crisis y como evitarlas.


Asma de esfuerzo

Es aquel tipo de asma en el que el origen de la crisis se debe a la realización de un
ejercicio físico de mayor o menor intensidad y duración y que aparece en la mayoría
de los pacientes con asma. En función del estado basal de la enfermedad y de las
medidas higiénico-terapéuticas utilizadas para prevenirla podremos observar una
prevalencia superior o inferior en la aparición de las crisis.


Pérdida de calor y/o humedad


La pérdida de calor se basa en el enfriamiento de las vías aéreas, resultado de la
hiperventilación, que es seguido de un suplemento de calor hacia la mucosa cuando
cesa el esfuerzo físico. La severidad de la crisis de asma es proporcional a la pérdida
de calor por la mucosa bronquial, por lo que se sostiene la teoría de que la pérdida
de calor por las vías aéreas es una de las causas fundamentales que la provoca.

Cuando un asmático hace un ejercicio en un ambiente frío la respuesta de
broncoconstricción es más intensa cuanto más caliente es el aire que recibe en el
momento de cesar el ejercicio. Se demostró que cuando se administra aire frío durante
un ejercicio y al terminar se ofrece aire frío, como el de la prueba, aire a la temperatura
de la habitación o aire a la temperatura corporal, la respuesta es más intensa a medida
que la temperatura del aire inspirado en la recuperación es más alta . De ahí la
importancia de nunca parar de repente, sino de una forma pausada, permitiendo una
recuperación de la temperatura inicial de las vías aéreas de forma progresiva. Esta es
también la razón de porqué existe una sensación de disnea en los individuos sensibles
al entrar de una forma brusca en un lugar caliente después de un ejercicio de una
moderada intensidad en un ambiente frío (p.ej. correr desde los autobuses hasta la
piscina en invierno, o entrar en el bar de las pistas de esquí después de un esfuerzo
intenso).

En conclusión podemos decir que la pérdida de calor y agua por la mucosa respiratoria
son estímulos muy potentes para el estrechamiento de las vías aéreas en los paciente
con asma. Los cambios ísicos que se producen proveen un ambiente ideal para la
liberación sustancias que favorecen la crisis.


Menos crisis con la natación que con la carrera libre

Es obvio que si la crisis de asma de esfuerzo se provoca por la sequedad del aire y
en algunos casos por el enfriamiento de las vías aéreas junto a esta deshidratación
de la mucosa, el lugar idóneo de temperatura y humedad es sin duda una piscina de
interior, donde la humedad del ambiente debe ser entre el 60 y 70% y la temperatura
entre 24 y 30ºC según la normativa actual. Por supuesto esto es en teoría porque en
un estudio que realizamos previo a los JJ.OO. de Barcelona observamos en varias
piscinas donde entrenaban nuestros nadadores que la temperatura media de una
humedad superior al 80% y de una temperatura de 28 ºC, lo cual en la mayoría de
los casos todavía beneficia más al paciente con asma.

El niño, adolescente o adulto con asma puede en este caso practicar un deporte con
mayor seguridad y con más amplio margen terapéutico. Sólo un muchacho en un
periodo muy inestable padecería una crisis en esas condiciones. Esta situación deberá
evitarse, no sólo en este deporte sino en cualquiera, dado que la primera norma que
debe seguir cualquier paciente con asma. No se debe hacer un ejercicio si el asma basal,
por la razón que sea, no esta siendo bien controlado en ese momento, y/o se tiene
sintomatología en reposo.


Beneficios de la natación en el asma

Se sabe que los practicantes de natación son quizá los únicos deportistas que por la
práctica de su deporte ven mejorados sus parámetros de funcionalismo pulmonar de
reposo con respecto a la población general. Con toda probabilidad por el control de la
respiración y las maniobras respiratorias durante los numerosos entrenamientos. Si
pudiéramos trasladar este hecho, sin duda esta actividad beneficiaría al paciente
respiratorio crónico si practicara estos deportes desde pequeño. Desafortunadamente
no existen estudios bien realizados que demuestren esta mejoría en los deportistas
asmáticos. Los resultados ofrecen datos controvertidos, con pocos sujetos, poco
tiempo de entrenamiento o entrenamientos muy livianos y en algún caso podrían
justificarse de anecdóticos si bien nunca podrán considerarse negativos. De todos
modos como conocemos y controlamos los valores espirométricos de los nadadores
de gran nivel que han sido y son asmáticos en ellos podemos observar que algunos
tienen valores de función pulmonar basal inferiores a los de sus compañeros e incluso
a los de la población general. Esta situación que pudiera parecer negativa no les
impide movilizar el volumen de aire adecuado a las necesidades de su metabolismo
durante el ejercicio para aportar el oxígeno suficiente a sus músculos en activo durante
la competición y eliminar el anhídrido carbónico sobrante de la misma forma y eficiencia
que los no asmáticos.

No es en la enfermedad, en el proceso inflamatorio, donde se debe buscar una mejoría
de la práctica de la natación, sino de la condición física general, en la adaptación
específica de estos músculos respiratorios al ejercicio para realizar un trabajo de
resistencia, sostenido, a pesar de un volumen en ocasiones ligeramente reducido.
Debemos buscar el éxito en el mejor conocimiento de la enfermedad, de las
limitaciones de la misma, de la calidad de vida, de la independencia social, y de todos
aquellos atributos que se adquieren del juego en la evolución psicofísica del individuo.
En un estudio que realizamos se demostró que la práctica de gimnasia o natación en
los niños con asma mejoraba la condición física de forma que al final del periodo de
entrenamiento era similar a la de los controles no asmáticos y mejoraba la sensación
subjetiva de salud, aunque sus valores basales permanecieran invariables
independiente de que practicasen uno u otro deporte. En definitiva, la ventaja de la
natación es el mayor margen de seguridad con respecto al asma de esfuerzo que
ofrece el clima particular del recinto donde se halla la piscina.


Cloro y asma

No sería correcto hablar de las piscinas sin mencionar un debate discutido desde hace
varios años al respecto del cloro y otras sustancias irritantes que pueden provocar crisis
de disnea en los practicantes de natación, sean o no asmáticos. Existen varias
aseveraciones que el profesional de la sanidad debe saber y tener en cuenta al respecto.
Por un lado, es cierto que existe una mayor prevalencia de reactividad bronquial en los
nadadores frente a otros deportes y que se ha asociado a la concentración de cloro
utilizado para desinfectar el agua del vaso. También es cierto que la cantidad de cloro
inhalada por un competidor de natación durante su trabajo diario en la piscina está
muy cerca, si no sobrepasa, los límites admitidos. Por otra parte no se ha demostrado
que llegue a producirse una patología crónica por la inhalación de cloro, ni un
agravamiento del asma, aunque sí la posible aparición de crisis de disnea en
condiciones muy determinadas. En principio, si las condiciones de la piscina se
mantienen dentro de la ley o de un rango de normalidad adecuado y si se mantiene
un control periódico de la piscina y de la ventilación del recinto donde esta se halla,
salvo situaciones excepcionales la seguridad del paciente con asma en el ámbito de
la piscina no es diferente al de cualquier otro ser humano. Manteniendo las normas
higiénico-terapéuticas del AIE se evitará cualquier situación desagradable.

El consejo que se pretende del presente artículo es que la natación es uno de los deportes
más indicados para los pacientes con asma. Al respecto se debe mencionar que cuando
se habla de natación no debe asociarse a nadar de un lado al otro de la piscina de una
forma monótona y aburrida. La iniciación en otros deportes como la natación sincronizada,
los saltos o la práctica del waterpolo ofrecen objetivos a corto plazo muy estimulantes,
además de los muchos juegos que conocen los monitores de natación y que facilitan la
adherencia del niño a las actividades acuáticas. Pero dado que no a todos gusta el agua
debe recomendarse el ejercicio, el deporte, el juego que al paciente le atraiga más.
Ese será, con toda seguridad, en el que pondrá más interés en desenvolverse y hallará
los recursos necesarios para sobrellevar su enfermedad. Nuestra labor para con él
debe ser orientarle, cuidarle y animarle en cada caso de forma individualizada. Somos
uno de los eslabones más importantes en el futuro del niño con asma y no podemos
renunciar a nuestra porción de responsabilidad.


Pauta de prevención de la crisis de AIE

Tratamiento del asma de base.

Terapia farmacológica previa al esfuerzo.

Calentamiento adecuado, intenso y prolongado.

Ejercicio a intervalos. (<5 minutos).

Ambiente caliente y/o húmedo -NATACION-

Respiración nasal siempre que sea posible.

Ejercicio submáximo. (<85% VO2 max.).

Utilización de una mascarilla buconasal en ambientes exteriores fríos o polucionados

Evitar el ejercicio en presencia de estímulos que provoquen asma (irritantes,infecciones
respiratorias, alérgenos, contaminación...) o en periodos de exacerbación del asma basal.


Fuente: www.natacion.com.ar

 

       

 

 

 
 
 

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