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13 de Diciembre de 2008
Han pasado 40 años de la máxima obra de Nicolino Locche
El escritor Adrián Dottori recuerda en esta nota la máxima hazaña
del gran Nicolino Locche. Han pasado 40 años de la consagración
del mendocino en tierras japonesas.

12 de diciembre de 2008, se cumplen 40 años, desde que el genial intocable
mendocino, ya con 29 años en sus espaldas, emprendía esa travesía a Tokio,
para aprovechar la oportunidad que siempre se le había negado, inclusive cuando
peleó con cinco campeones mundiales que no expusieron su corona en juego,
lleno de ilusiones postergadas y añejas esperanzas de coronarse campeón
del mundo.
12 de diciembre de 1968, una noche de lluvia que arrojaba presagios de buenos
augurios, y Locche como siempre con su confianza, con la del guerrero de más
de doscientas batallas al que nadie había noqueado, con su arte a cuestas y su
oficio de saber que era intocable, ya se lo había demostrado a Mendoza, a la
Argentina y a Sudamérica, pero estaba pendiente que el Mundo conociera su
estilo depurado, único e irrepetible, su maestría, su genialidad y su magia elegante
con la que lograba que el Luna enloqueciera y con la que arrimaba al box a mujeres,
a niños y a hombres que denostaban el boxeo, pero que decían Yo a Locche si
voy a verlo.
El escenario era distinto, el público era adverso, pero eso al maestro no le afectaba,
Locche sabía que ganaba desde que se subió al avión y de eso puede dar
testimonio Cacho Fontana, quien lo acompañó durante toda su estadía y Nico
convencía a todos de que iba a traer ese título a su amada Argentina.
Y esa noche previo a quedarse dormido en la camilla de masajes y a fumarse
su cigarrillo minutos antes del combate a escondidas de Don Paco, subió al ring y
nueve round bastaron para que el público japonés se diera cuenta de su grandeza,
coreando nisei, nisei (maestro) y un mundo entero empezaba a hablar de un
boxeador chaplinesco que le ponía una sonrisa a un deporte de aristas sangrientas,
y así cumplió sus demorados anhelos, la promesa a Doña Nicolina, al recuerdo de
su padre y para que sus hijos tuvieran al gran campeón mundial que rompió los
moldes convencionales y el ABC del boxeo mundial.
Fueron muchas las propuestas para que Locche se quedara en Japón, pero este
poeta de la nariz chata, prefirió volver a su país, al Luna, su segunda casa y a
su público.
Y siempre me pregunto que habría sido del gran Nico si solamente hubiera podido
pelear por el titulo cinco años antes, o que cuando peleó con los campeones
mundiales hubiese estado la corona en juego, quizás hablaríamos del record de
defensas, del más grande de todos los tiempos, del mejor de todos.
Yo tuve la suerte y el inmenso orgullo de ser su amigo y conocer al campeón del
box y al campeón de la vida, al amigo verdadero, al genio humilde, al hombre
que amaba a su País y a su Mendoza y cuando me preguntan quien fue el mejor
boxeador, siempre digo Pascualito Pérez, Gatica y Monzón, porque Locche no fue
un boxeador, fue un artista que jugaba a que boxeaba y su escenario era el
cuadrilátero, lleno de su variado público, que no iba a ver una pelea, concurrían
a una noche de espectáculo que merecía la mejor marquesina, Locche el mejor
artista del boxeo del mundo, el mago que todas las noches de sábado como dice
la canción, sacaba conejos de su galera de mago y despertaba las mas grandes
ovaciones de admiración.
Un loco lindo que cambiaba los golpes por montones de humoradas y esquives
de esgrimista, un hombre que le mostró su mejor sonrisa a la devaluada y vencida
violencia, que no tenía butaca, ring side ni lugar en las peleas de este genio
ejemplo de humanización deportiva.
Hace 40 años de ese momento glorioso para Locche y para todos los que lo
amamos y reconocemos en el al gran ídolo argentino, comparable a Maradona
y Vilas.
Hoy se siente su falta física, aunque seguramente estará jugando a que boxea
en algún cuadrilátero celestial, fumando a escondidas de Don Paco y relatado
por un dúo tremendo de Cafarelli y García Blanco y todos dirán como pasa el
tiempo, ya se cumplieron 40 años de la mejor pelea de todos los tiempos, del
máximo estilo depurado del boxeo y de una combinación perfecta de arte
defensivo y ofensivo, de la pelea sin errores, de la maestría mostrada en Tokio,
gritándole al mundo Señores esto es boxeo, y lo traigo de Argentina para el
mundo, de un extremo al otro, esa noche quedará en el recuerdo de todos, para
poder decir siempre hubo una vez un Nicolino Locche, porque estoy seguro de que
nunca, pero nunca habrá otro igual.
Nico, un Chaplín de espíritu alegre, le agregó al boxeo su sello, su propia marca,
su arte, su plasticidad, su elegancia, su mirada hipnótica, su técnica depurada,
sus fintas, sus visteos, su inteligencia, su guapeza, su show, su locura. Un maestro
que durante tres décadas le regaló al pugilismo del Mundo entero sus espontáneas
humoradas, y la capacidad de ganar sin dejarse golpear.
Nico es el llanto de lo logrado, el sueño de los héroes, ¡bendita sea su locura! Qué
más puedo decir del gran boxeador que no se haya dicho o escrito, GRACIAS MAESTRO,
POR TODO LO QUE NOS REGALASTE, GRACIAS POR ESE 12 DE DICIEMBRE DE 1968
Y GRACIAS A DIOS QUE NACISTE EN ARGENTINA. DICEN QUE CUARENTA AÑOS NO ES
NADA, PERO PASARAN VARIOS SIGLOS Y NO SE VOLVERA A VER NADA IGUAL.
GRACIAS SEÑOR LOCCHE.
GRACIAS QUERIDO AMIGO.
GRACIAS POR ESA NOCHE MAGICA QUE QUEDARA GRABADA A FUEGO EN NUESTROS CORAZONES.
Por Adrián Dottori
Biógrafo y amigo personal
Fuente: Mdzol Deportes
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