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28 de Enero de 2009
Estampida en Newell's por la cruenta irrupción
a balazos de la barra brava
Las expresiones de violencia que se insinuaban como inminentes a raíz
del cambio institucional en Newell’s explotaron ayer a la tarde dentro
de la sede del club.

Un grupo integrado por unas 40 personas que esgrimían armas de fuego, palos,
bates de beisbol y piedras atropelló la administración provocando destrozos
ante el pavor de los socios que hacían trámites allí. Luego se internaron en la
zona de parrilleros del club. Disparando balazos y lanzando pedradas, provocaron
una estampida entre las decenas de personas sentadas a las mesas, avanzando
unos 80 metros por la vereda que conduce a la pileta rehabilitada.
Alertados por efectivos que hacían adicionales, una veintena de patrullas y
camionetas de la Unidad Regional II llegaron a diez minutos de iniciada la
arremetida. Detuvieron a 21 personas —19 mayores y dos menores de edad—
a las que se atribuye la realización de los desmanes. Nadie resultó herido. Les
secuestraron una pistola calibre 9 milímetros sin cargador, una decena de armas
punzantes y seis cuchillos dentados de cocina.
Más de la mitad del grupo violento que consiguió escapar se llevó consigo tres
libros de la administración del club. Entre ellos está el de reempadronamiento
de socios y el de control de servicios adicionales policiales.
La arremetida. Al grito de "esta es la barra de Newell's", "tenemos aguante" o
"nadie nos va a sacar", el contingente bajó a las 15.30 con piedras y armas de
dos viejos colectivos de línea que quedaron estacionados en una rotonda sobre
la sede. Fuentes policiales aseguraron a La Capital que el grupo estaba
encabezado por Roberto Pimpi Caminos, el sindicado jefe de la barra brava
leprosa, cuyo liderazgo quedó en cuestión tras la derrota electoral de Eduardo
J. López el 14 de diciembre pasado, quien le había cedido el control de la zona
del club a la que ahora retornaba. Según la coincidencia cerrada de testigos,
eran jóvenes en la mayoría y también había adolescentes y chicos.
Fuentes policiales aseguraron que el grupo era comandado por los tres hermanos
Caminos: Roberto, Juan y Alberto, alias Tato. Ninguno resultó detenido.
Cuando vio surgir al pelotón, una suboficial que custodiaba la administración dijo
a los recién llegados que si deseaban reempadronarse tendrían que formar fila.
Según la policía allí se inició la acometida: a la uniformada le arrebataron el arma
reglamentaria que ella misma consiguió recuperar. Enseguida empezaron los
destrozos: rompieron escritorios, un panel de material sintético usado para tomar
fotos para carné y cerramientos de vidrio. Entre quienes allí contemplaban
azorados lo que ocurría estaba el diputado provincial Pablo Javkin (ARI).
"Llegué a retirar el carné y estaba allí cuando entraron con palos. Hicieron algunos
destrozos y después siguieron para adentro del club", contó Javkin a este diario.
En el club había, en ese momento, unas 300 personas. La mayoría en la zona de
la pileta. Otros en las mesas a la sombra contiguas a la tribuna popular y algunos
haciendo reparaciones dentro del estadio.
Sobrevino entonces el momento más exasperado. Según los testigos, los hinchas
hicieron disparos al aire, originando una corrida entre las personas allí presentes.
Al menos cuatro vainas servidas de esos balazos de armas de guerra, como pistolas
nueve milímetro, quedaron en el piso. Uno de los disparos abrió un orificio de un
centímetro de diámetro en un tanque de fibrocemento apoyado en el piso. Otro
proyectil se incrustó en un árbol.
Lanzando piedras y palazos, los recién llegados desalojaron del lugar a los
asociados. La columna siguió hacia el sector de la pileta pero no alcanzó a traspasar
un portón metálico negro situado a pocos metros del estadio cerrado. Todo duró
cinco minutos. Hasta que las calles aledañas se empezaron a poblar de patrulleros.
A partir de allí los incidentes fueron aplacados y 21 personas quedaron detenidas.
Efectivos de las Agrupaciones Cuerpos y Orden Público incautaron una pistola 9 milímetros
que estaba en poder de un menor de edad.
Espacios en disputa. La intención del grupo armado que entró al club pareció ser
pasarles un mensaje elocuente a las nuevas autoridades encabezadas por Guillermo
Lorente: que los antiguos líderes tribuneros no resignarán pacíficamente las prebendas
que conquistaron durante la era López —básicamente el control económico del estadio
cubierto, el manejo de algunas transferencias, la influencia sobre jugadores de las
inferiores y los viajes en las fechas de visitante— y que intentan persistir como factor
de poder dentro del club.
Los dos colectivos incautados por la policía fueron apuntados por los socios como los
utilizados usualmente por los barrabravas rojinegros comandados por Pimpi Caminos
para trasladarse a la cancha.
El subjefe de la Unidad Regional II, comisario mayor Miguel Angel Rodríguez, contó
a La Capital que cuando la policía empezó a llegar masivamente al club los violentos
que habían ingresado se escurrieron en distintas direcciones. "Se hizo un rastrillaje en
la zona con el resultado de 21 detenidos. Uno de ellos llevaba un arma de guerra
calibre 9 milímetros. Era un chico de 17 años".
Fuente: Diario La Capital
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