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20 de Julio de 2009
Otra vez en la elite
La Selección integra el selecto grupo de seis equipos que
jugarán las finales de la Liga Mundial

Proclives a los desbordes, como somos, desde que Dios era argentino hasta
considerarnos los integrantes de la patria deportiva ganadores de títulos antes
de que empiece la competencia, la cuestión hoy es dónde instalar la flamante
conquista de la Seleccion Nacional. Se trata, otra vez, de impregnarse de equilibrio
para festejar todo lo que sea necesario y repasar qué falta y qué será necesario
para seguir creciendo. Porque tampoco sería justo que por temor a las
exageraciones, la impactante conquista del plantel conducido por Javier Weber
sea enunciada y analizada pero no calificada como amerita.
Desde que participó de la Liga Mundial por primera vez, en 1996, jamás la Argentina
se había clasificado para jugar la fase final de este torneo que reparte 20 millones
de dólares en premios. Si en 1999, en Mar del Plata, fue parte del selecto grupo
que cerró la competencia, eso se debió únicamente a su condición de organizador
de esa instancia. Para tener una cabal idea de lo alcanzado por la Argentina tras
las dos epopéyicas jornadas en el estadio sanjuanino "Aldo Cantoni", no hace falta
más que repasar los dichos del central francés Jean Philippe Sol: "Estos resultados
han sido fatales para nosotros. Llegamos a la Argentina dispuestos a clasificarnos
porque queríamos estar en Belgrado y ser parte del selecto grupo de seis
seleccionados. Pero nos quedamos sin físico y nos pasó lo mismo que el año pasado
en Serbia, donde estábamos un punto arriba y también fuimos eliminados. La
Argentina nos ganó muy bien y se notó que el público ama a su equipo. Fue
demasiado fuerte para nosotros ver la comunión entre la gente y los jugadores".
Si se amplía el foco de Sol, el vóleibol argentino no debería volver a desperdiciar
una oportunidad como la que la realidad le ha puesto en el camino. Porque en esas
dobles jornadas en el Luna Park, Formosa y San Juan, este deporte que la Generación
Dorada de los 80 impulsó hasta los podios del Mundial Argentina 82 y los Juegos
Olímpicos de Seúl 88 juntó al mismo tiempo excelentes resultados, mucho público,
segmentos con alto nivel de juego, la proyección sin techo de un puñado de jugadores
jóvenes, logística propia de los países potencia y transmisiones en vivo por Canal 7
y ESPN.
Pongamos en blanco sobre negro algunos ingredientes que convergieron para vivir
este momento de sueños: la Selección ganó al menos un encuentro en cada uno de
los seis fines de semanas. Un armador como Luciano De Cecco (21 años y 1,93 metro)
bloqueó y ganó un mano a mano con un central francés cuando el punto se jugaba con
una bola de fuego. Las más de 9.000 personas que desbordaron el estadio de la capital
sanjuanina conforma un número de tanto peso que tampoco va a pasar inadvertido
para la Federación Internacional. Facundo Conte y Nicolás Uriarte, gravitantes ambos
en segmentos de algunos partidos, aún tienen edad de juveniles y de hecho jugarán
próximamente el Mundial de esa categoría. El plantel salió de Formosa, llegó a San Juan
y partió ayer de esa provincia en un jet privado, sin nada que envidiarle al nivel de
la NBA.
¿Cómo mensurar todo esto? En principio, sería ideal bañar el momento en la fuente
de la humildad. Evitar la futbolización del momento. Que nadie, por protagonista que
sea, pretenda hacerse padre de la criatura, recordando que la soberbia es una droga
que envenenó al vóleibol más de una vez. Enseguida, que los resultados de coyuntura
marquen la largada de una etapa antes de que la llegada a un objetivo. Y por último,
que todas las partes acuerden en que nunca más la Argentina puede ni debe volver a
estar ausente de un Mundial, de los Juegos Olímpicos o de la Liga Mundial.
Fuente: Diario Clarin
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