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26 de Junio de 2007
Lo más fácil: echarle la culpa a los deportistas
Por Ariel Scher (Diario Clarín).
Ahora sí. No más líos, no más debates, no más escándalos: no más dóping.
Señores deportistas, señores analistas y señores científicos, sepan que no necesitan
dar más vueltas: la Unión Ciclista Internacional encontró las llaves del reino. Convocó
a los competidores para que suscriban un compromiso, voluntario e individual, por el
que aceptan que, en el caso de violar el reglamento antidóping, se les descuente el
sueldo de un año.
Tremenda idea. Ahora está todo resuelto.
Mentira. Lo que está resuelto para la dirigencia es poner el problema fuera de su
órbita. En la concepción desde la que se induce a los ciclistas a colocar su firma, el
dóping no es una industria pensada por expertos y comercializada por especialistas,
no es un recurso sistemático para construir rendimientos individuales y colectivos, no
es la consecuencia de una ideología aplicada al deporte desde la que todo cabe para
obtener un resultado. No, nada de eso. En esa concepción, los únicos responsables de
la existencia del dóping son los deportistas.
Y si no, ¿por qué se les requiere un compromiso a los deportistas y no a los demás?
¿Son acaso los deportistas los que arman las reglas de juego voraces en las que se
desarrolla la alta competición? ¿Son ellos los que diseñan un sistema en el que ganar
es todo y perder es nada? ¿Son ellos los que definen qué cosa está bien y qué cosa
está mal o qué es moral y qué es inmoral a la hora de salir a competir? ¿Son ellos
quienes diseñan los métodos para entrenarse, para fortalecerse, para acelerarse, para
resistir? ¿Son ellos los que configuran un escenario económico por el cual el deporte es
un pedazo resonante del mercado en el que los patrocinantes meten presión y les
sonríen básicamente a los que llegan primeros? ¿Son los deportistas los únicos o los
principales modeladores de su condición de deportistas?
La Unión Ciclista Internacional está ligada con una actividad en cuyas citas más famosas
está sonando más seguido la palabra "dóping" que la palabra "bicicleta". Y eso no
sucede por una conjura maléfica diseñada por ciclistas. Eso pasa porque gente con mucho
más poder que los ciclistas hizo del deporte una carrera frenética en la que vale todo.
No hay azar: a esa gente nadie le pide que devuelva ningún sueldo. Ocurre que en el
escenario moderno del deporte no sólo hay dóping. También hay hipocresía. Y anda
sobre ruedas.
Link Permanente: http://www.clarin.com/diario/2007/06/21/deportes/d-05610.htm
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