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El Futbol, el básquet y el voley no son el reflejo
de la política deportiva.
de Rodolfo Parody
El fútbol, el básquet y el vóley no son el reflejo de la política deportiva...
Habitualmente se menciona erróneamente a estos deportes como fruto de una
planificación.
El prejuicio es uno de los peores males del periodista al momento de analizar
una información. Varias veces caí en esa tentación, para evitar dudas y tener
que confrontar con mis propias ideas. También recurrí a esto por vagancia
intelectual, porque los supuestos siempre están más fácil a mano. Aclarado lo
que no se debe ni debo hacer, puedo echar una mirada sobre ciertas
declaraciones en las que caen los funcionarios del deporte. En este caso,
el tesorero del Comité Olímpico Argentino, Mario Moccia, que fueron publicadas
en este mismo sitio, hablando sobre las expectativas de Argentina en los próximos
Juegos Panamericanos de Río de Janeiro.
El dirigente es optimista sobre cómo le puede ir a la delegación nacional, pero
aclara, por las dudas que no nos vaya tan bien, "que hay muchos deportes que
están en una etapa de pleno recambio generacional, como el vóley, el básquet
y el fútbol", y sobre este aspecto me quiero referir.
Muchas veces utilicé la misma línea argumentativa de los deportistas, quienes
hablaban del esfuerzo individual como único sustento de los resultados conseguidos.
Hasta que durante una charla que mantuve hace varios años con el ex Subsecretario
de Deporte de la Nación y actual director de Deportes de Buenos Aires, Víctor
Lupo, me hizo reveer esta postura (prejuicio). Ahí entendí que siempre hay alguien
detrás, acompañando bien, mal o regular: un club, una escuela, una asociación o un estado.
Ni el fútbol, el básquet o el vóley llegaron a donde están por el simple esmero de
sus jugadores. Hubo un respaldo detrás, Ahora, plantearse desde el Comité Olímpico
Argentino o desde el propio estado nacional que ellos son artífices de los destinos de
estos deportes, es incorrecto.
El fútbol, sobre todo, el básquet, o el vóley son deportes autónomos que por sus
propias características de organización y funcionamiento recorrieron estos años con
escasa influencia de la política deportiva nacional.
Es un error plantearlo así, como sucedió apenas terminaron los Juegos Olímpicos de
Atenas 2004. Se festejó con bombos y platillos los triunfos de la selección de Bielsa y
del equipo de Ginóbili tras quebrar 54 años sin que el país lograra una medalla de oro
(la última había sido la de los remeros Tranquilo Capozzo y Eduardo Guerrero en Helsinki
1952). Ahora, esas victorias no tuvieron nada que ver con una planificación deportiva
implementada desde el Estado.
Hablar del fútbol y del básquet como disciplinas que posiblemente no rinden todo lo
esperado en los Juegos Panamericanos y de esa manera no aporten para una mejor
performance Argentina no debe ser considerado ni por Moccia ni por el propio secretario
de Deporte de la Nación, Claudio Morresi, como manifestaciones de su trabajo. En
cambio, deberán prestar mucha atención a las actividades amateurs que sí reflejan lo que
les incumbe.
Permítanme una aclaración. El básquet, el fútbol y el vóley también deben ser
contemplados por la Secretaría de Deporte y el Comité Olímpico Argentino,
contribuyendo a la formación de una base sólida, fomentado estos deportes en las
escuelas y en los clubes, desde donde saldrán los jugadores del mañana. Pero lo concreto
es que lo que hoy existe se debe a otras cuestiones, a la fuerza que tienen por sí
mismos para ganar o al menos sobresalir.
Entonces, es el momento de dejar de colgarse del fútbol, el básquet y el vóley como
indicadores de la realidad deportiva nacional.
En una entrevista que le realicé a Luis Barrionuevo, actual preparador físico de la
selección de varones de hockey y ex dirigente de la Secretaría de Deporte de la Nación,
me aclaró que los indicadores de la realidad deportiva de un país lo marcan la
natación y el atletismo, actividades que de acuerdo a una planificación deportiva coherente
se deben impulsar en las escuelas.
Si nos fijamos en las figuras que habrá en Río de Janeiro, en la natación, salvo José
Meolans -en el tramo final de su carrera-, como Georgina Bardach -medalla de bronce en
Atenas 2004-, no aparecen muchos nombres más. Y en el atletismo, sucede lo mismo,
con la excepción de Germán Chiaraviglio –campeón mundial junior de garrocha- o Alejandra
García de vasta trayectoria.
Ninguno de estos dos deportes logra un número mínimo de aficionados en su semillero
como para que se alcance un crecimiento. Lo reconocen los dirigentes de ambas disciplinas.
Los Juegos Panamericanos pueden ser una buena base para ver dónde estamos parados.
La Secretaría de Deporte ha mostrado signos positivos desde que Claudio Morresi
se hizo cargo. Un acercamiento y respeto a los deportistas, mayor control de los
gastos de las Confederaciones y una postura diferente hacia lo que es capacitación y
organizaciones de base.
Quedan otras cuentas pendientes, como la normalización del Consejo Nacional del Deporte,
o el manejo de su propio presupuesto, no cayendo en la burocracia que significa su
dependencia de la Jefatura de Gabinete de Ministros para habilitar los fondos.
Los resultados en los Juegos Panamericanos serán una muestra de aciertos y errores.
Pero ni el fútbol, el básquet o el vóley representan a esta gestión.
Menos aún al Comité Olímpico Argentino, cuyo funcionamiento y rol en el deporte nacional
genera más dudas que certezas, por más que Mario Moccia hable de un trabajo conjunto
con la Secretaría de Deporte de la Nación o tenga la "distinción" de ser el jefe de la misión
argentina en Río, por el simple hecho de ocupar el cargo de tesorero en el COA, un organismo
integrado por dirigentes de deportes de escasa popularidad y presidido por el ex intendente
de Quilmes en la dictadura, Julio Cassanello.
Rodolfo Parody.
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