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8 de Abril de 2009

El que no salta es un represor

Dirige a Talleres de Perico, de Jujuy, que enfrentó a Deportivo Maipú.
Es acusado de haber participado de secuestros en la última dictadura
militar.




Ni el toque de tintura castaño oscuro, ni los lentes ahumados, ni mucho menos
–o quizá por eso– la gorra color verde militar pudieron evitar que la cancha de
Deportivo Maipú, en Mendoza, reconociera a Juan de la Cruz Kairuz apenas asomó
en la platea. El técnico de Talleres de Perico, acusado de comandar un grupo
de tareas durante la última dictadura militar, quedó escrachado por su pasado.
El estadio entero lo repudió. Hubo insultos, banderas y un grito futbolero:
“El que no salta es represor”.

“De mi pasado no voy a hablar. De lo deportivo hablemos de lo que quieran,
lo único que les digo es que estoy esperando el juicio para demostrar que soy
inocente de todo lo que me acusan”, dijo Kairuz después de un partido que
no lo trató muy bien. No sólo recibió el rechazo de las tribunas sino que además
su equipo perdió 1-0 frente a Maipú por el torneo Argentino A.

Kairuz ya sabía lo que le esperaba en Mendoza: agrupaciones sociales y políticas,
como Barrios de Pie y Libres del Sur, además de organismos de derechos
humanos como Hijos, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y Familiares de
Detenidos y Desaparecidos, llamaban desde hacía varios días a manifestarse
contra el DT represor. Tanto en el hotel en que se hospedó como en el viaje
hasta la cancha y en el campo de juego mismo, el entrenador estuvo custodiado
por la policía.

Hubo más: Kairuz apareció por el estadio Omar Higinio Sperdutti bajo algo muy
parecido a un disfraz: el pelo teñido, con lentes y una gorra. Cuando su equipo
salió a calentar, minutos antes del partido, él se mantuvo en el vestuario. Pero
luego no pudo evitar dar la cara. Se ubicó en la platea, desde donde dirigió a
su equipo por estar suspendido. En seguida se escucharon los silbidos. Y el hit
de la hinchada de Maipú: “El que no salta es represor”. O la versión: “El que no
salta es militar”. Una bandera de Libres del Sur daba una biografía básica:
“J. Kairuz, DT de Talleres, represor de la Dictadura”. Primero estuvo colgada
en la popular, pero luego la trasladaron hacia la platea techada, de frente al
técnico, para que sus ojos no pudieran esquivarla.

Kairuz fue un lateral izquierdo que salió de San Martín de Tucumán. Como futbolista
pasó por Atlanta, Newell’s y Gimnasia y Esgrima de Jujuy. Quienes lo vieron
cuentan que era bastante bueno. En su vuelta a San Martín de Tucumán, debió
jugar frente al mítico Santos brasileño. “Tuve que marcar a Pelé y al decir de todos
los diarios lo hice perfectamente, al extremo de haberlo anulado”, le relató a la
revista El Gráfico años atrás.

Pero su lugar fue Jujuy. Cuando se retiró del fútbol, consiguió un puestito en la
policía local. Y otro como entrenador de Atlético Ledesma, el club del ingenio azucarero
que pertenece a la familia Blaquier, y de donde la dictadura hizo desaparecer a
treinta trabajadores, con el apoyo empresarial. En el pueblo de Libertador General
San Martín todavía recuerdan la Noche de los Apagones durante la que secuestraron
a más de cuatrocientas personas.

Kairuz figura en el legajo Nº 3.376 sobre la desaparición de Luis Aredes, el ex
intendente radical que se atrevió a enfrentar el poder del ingenio. Olga Aredes lo
reconoció un año después de que se llevaran a su esposo cuando su domicilio
“fue invadido por un gran número de soldados uniformados del Ejército, al
mando de un empleado de la empresa Ledesma, Juan de la Cruz Kairuz”.

Mientras Olga luchaba por justicia en Ledesma, Kairuz seguía dirigiendo equipos:
Juventud Antoniana y Central Norte, de Salta; San Martín de Tucumán y Atlético
Policial, de Catamarca. Ella, que llevó su pañuelo en soledad, murió en 2005
por un cáncer. Pero sus hijos tomaron el legado. Kairuz dice que espera el juicio,
aunque la causa está estancada. Y él no está imputado: sigue libre, todavía
camina las calles de la jujeña Perico como director técnico, aunque cada tanto le
recuerden el pasado del que él no quiere hablar.

El Gato Andrada, otro personaje de hábitos nocturnos

A Edgardo Andrada le decían el Gato, más por su aspecto físico que por sus
hábitos nocturnos. No fue un arquero cualquiera: ídolo de Rosario Central –el
noveno futbolista con mayor cantidad de presencias–, jugó siete años en Vasco da
Gama y dos en Colón de Santa Fe; hasta cuidó el arco de la Selección argentina
en los 60. Pero el año pasado, un represor quebrado lo señaló como agente de
inteligencia del Ejército en Rosario. Y dijo que el Gato participó del secuestro
de los militantes peronistas Osvaldo Cambiaso y Eduardo Pereyra Rossi, una causa
por la que está detenido Luis Abelardo Patti.

La denuncia fue realizada ante el juez federal de San Nicolás, Carlos Villafuerte Ruzzo.
El ex arquero, pese a los pedidos de las organizaciones de derechos humanos,
todavía no fue citado a declarar.

“No tengo nada que ver con lo que se me está acusando”, dijo al diario Clarín el año
pasado. Quien lo acusó fue Eduardo Constanzo, que espera dos juicios por decenas
de casos de secuestros y desapariciones. Además, según un documento incorporado
en la causa Campo de Mayo, Andrada fue “agente secreto C-3 del Destacamento de
Inteligencia de Rosario y por ende del Servicio de Inteligencia del Ejército”.

“Participé en el Ejército, pero no es pecado formar parte de esa fuerza”, dijo Andrada,
a quien en Brasil aún recuerdan por haber sido el arquero al que Pelé le hizo el gol
número mil de su carrera.


Fuente: Diario Critica

 

       

 

 

 
 
 

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