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4 de Febrero de 2009

Petar Stoychev, en la cúspide del sitial que supo construir

 

El búlgaro se impuso en forma inobjetable y se transformó en el cuarto
nadador del historial en coronarse cuatro veces en el “Maratón más
lindo del mundo”.




Aferrado a sus conocidos dones físicos y mentales, a un irrestricto respeto de la estrategia
a priori planificada y a una impecable conducción de su guía, el búlgaro Petar Stoychev
ganó ayer el XXXVI Maratón del Río Coronda, definido en un emocionante sprint final, al
cual controló a la perfección.

De esta manera, el múltiple campeón mundial se erigió en el cuarto nadador del historial
en adjudicarse en cuatro oportunidades el “Maratón más lindo del mundo”. El primero en
alcanzar semejante logro fue justamente su guía de la víspera: Claudio Plit, vencedor en
las ediciones de 1974, 1975, 1976 y 1977.

Los otros dos que hicieron lo propio fueron el santafesino Diego Degano (1988, 1990,
1992 y 1993) y el francés Stephane Lecat (1996, 1997, 1999 y 2000).


Dueño y señor del río

La consideración primigenia que debería vertirse a la hora de analizar el magnífico éxito
del europeo es que más allá de los 2 y 4 segundos que lo separaron del argentino Damián
Blaum y del checo Rostislav Vitek, quienes completaron el preciado podio corondino, es que
la definición estuvo siempre bajo su tutela.

Es que desde que decidió concretar los dos ataques definitorios (el primero, apenas
superadas las ocho horas de carrera y el segundo, casi con la meta “a la vista”), quedó
absolutamente en claro que no haría más que ratificar su favoritismo.

Básicamente, porque manejó física y anímicamente a los rivales a los que les fue dando
alcance, dejando la impresión de que tenía resto suficiente como para aguantar más allá de
la embestida final que -por ejemplo- intentaron Blaum, Vitek y el italiano Rodolfo Valenti,
quien después de haber sido protagonista importante durante casi todo el trayecto, debió
“conformase” con el cuarto puesto final.

Es más, hasta podría decirse que toda la competición estuvo condicionada por el accionar
de Stoychev, ya que quienes intentaron cortarse, como los citados Vitek, Blaum y Valenti,
el santafesino Gabriel Villagoiz o el joven debutante cordobés Guillermo Bértola, buscaron
hacer lo debido: sacar diferencias con la anticipación necesaria como para sostener el
previsible ataque del campeón mundial.

Pero además, quienes integraron el pelotón que osciló entre ocho a diez integrantes que
marchaban algunos metros detrás de los alternativos líderes, lucieron demasiado
“dependientes” del accionar del enorme búlgaro, que transitó en ese compacto lote con
tanta soltura como serenidad, hasta decidirse a asestar los letales zarpazos definitorios.


Los unos y los otros

A la hora del repaso general de la competición que abrió el Grand Prix Fina 2009, vale
recordar que los tramos iniciales estuvieron signados -como casi siempre- por los
habituales “coqueteos” con la vanguardia, circunstancias que con el devenir de los minutos
se transformaron en meramente anecdóticas.

Sirva como ejemplo de ello citar que el experimentado Christof Wandratsch -a los 42 años
corrió su decimoquinta Santa Fe-Coronda- fue uno de los efímeros punteros y terminó
abandonando a la altura de la Cortada de Sauce Viejo.

Antes, ya lo había hecho el también germano Alexander Studzinski (en la primera
Barranquera), mientras en la Cortada de los Suspiros ocurriría lo propio con la argentina
Pilar Geijo, lo que sumado a la baja previa a la largada del italiano Andrea Bondanini,
acotó a dieciocho el número de participantes.

En un contexto de inestabilidad climática, que osciló entre cielo cubierto, lloviznas
intermitentes y momentos de lluvia intensa, la carrera estuvo signada por un tránsito
aletargado del ya descripto pack swim, que se ha transformado casi en el símbolo distintivo
de estos tiempos.

De esta manera, amén de los aislados intentos de imponer supremacía, todo transcurrió
sin mayores sorpresas, a la espera de los momentos decisivos: léase más allá de la salida
de Arroyo Bragado o, simplemente, la última hora del exigente trayecto, condicionado.




Las otras figuras

Además de la plausible actuación del vencedor o la valiente actitud asumida por Valenti
y Blaum tras haber sido superados tan cerca de la meta, surge como elemento destacado
la estupenda actuación de la debutante holandesa Linsy Heister, quien después de
haber estado omnipresente en los pelotones de vanguardia, ganó la prueba femenina
desde el meritorio sexto puesto final en la clasificación general.

Dos posiciones más atrás llegó la germana Britta Kamrau, que en su retorno (¿y
despedida...?) a este escenario, demostró que su vigencia está casi impoluta.

También resulta apropiado destacar al santafesino Villagoiz, quien dio batalla hasta la
hora final, para quedar relegado al octavo puesto, pero a sólo algo más de dos minutos
y medio del ganador, quien justamente fue “partícipe necesario” de su “quiebre”, el que
sería bueno saber si pasó más por lo físico que por lo emocional, o fue un mixado de
ambos elementos.

Por último, sería injusto no puntualizar -aunque más no sea- , que con sólo 19 años
Guillermo Bértola se mostró decidido, en su debut, a intentar aproximarse a un
protagonismo que se limitó a varias horas de liderato, sustentado en un andar lo
suficientemente sólido como para lucir promisorio de cara al futuro.

Y también que las dos jóvenes santafesinas debutantes, Marianella Mendoza y Vanesa
García, hayan accedido a la satisfacción de arribar a la soñada meta corondina.


Fuente: Diario El Litoral

 

       

 

 

 
 
 

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