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22 de Septiembre de 2009
Universitario derrotó a Jockey y
fue campeón del Regional
El telón del Torneo Litoral bajó lento, como pidiendo permiso
para aumentar en el capítulo final la emoción que le
escamoteó en las primeras fechas.

Se cerró una nueva temporada en la región y para recibir los aplausos
irrumpió en escena Universitario, un equipo que hizo un culto del vértigo
controlado, del ingenio y de un tremendo amor por la camiseta para
vencer a Jockey Club 11 a 6 y quedarse como en 2005, con el sitio más
alto del podio.
Los brazos en alto de los flamantes campeones, los interminables abrazos
y alguna que otra lágrima, parecieron indicar que los triunfos, si existe la
lógica, pertenecen a los que más hacen por ellos. Al menos esa ecuación
encajó bien con lo sucedido ayer, porque fue Uni, de los dos equipos, el
que más arriesgó y el que tuvo su premio.
Dar la vuelta olímpica no le fue nada fácil. La final fue el encuentro de dos
equipos que durante el año habían tenido altibajos, pero que en la lucha
por la gloria, sacaron a relucir lo mejor de su repertorio.
Dueño de una convicción inalterable, de una disciplina intacta y de un espíritu
ganador avasallante, el conjunto académico apareció en toda su dimensión
cuando tenía que hacerlo. Para eso mucho valió la experiencia de los
consagrados, quienes tuvieron el don de transformar la cancha en un tablero
de ajedrez. Tanto las semifinales como la final de ayer son ejemplos de ello.
Pero no los únicos. Lo de Universitario no es producto de la casualidad. Basta
con mirar las estadísticas para enunciar que salvo en 2002, desde el 2000
siempre estuvo entre los cuatro mejores equipos del torneo.
Fieles a una linea de juego, respetaron un estilo y ganaron. La presión, el
tackle, la recuperación y una contundencia ofensiva fueron el estandarte que
levantaron desde el primer pilar hasta el fullback haciendo de ello un sello
distintivo que motivó el respeto de todos sus rivales.
Dicen que los que ganan acaparan todos los elogios y los vencidos caen
penosamente en el olvido. Sin embargo hay que reconocer los méritos de un
club como Jockey, que metió las tres divisiones superiores en las finales
como hacía mucho tiempo no lo hacía (la última vez fue en 1999).
Cayó el telón. Fue el final de un torneo discutido, que no convenció, que tuvo
más críticas que adhesiones pero que debido a su formato entregó dos fiestas
espectaculares como lo fueron las semifinales y la final, más allá de que creó
algunas dudas sobre la legitimidad del campeón, sobre todo si se evalúa el
trabajo de todo el año. ¿Fue un justo campeón?, sí. ¿Fue el mejor equipo?,
quizás no. Pero eso en un sector de la zona sur poco importó. Tras el pitazo
final se desató el delirio... es que de Las Delicias salió el nuevo campeón.
Salud Uni!l
Universitario ofreció su corazón, el mayor
atributo de un campeón
Por Pablo Mihal
Su fuego quemó todos los papeles. Promediando el año pocos se imaginaron
a un Universitario campeón del Regional 2009. Sin embargo, el conjunto
académico apareció en el momento justo, ganó los partidos que tenía que
ganar y se fue haciendo camino al andar, aprovechando al máximo las
ventajas que le dio el formato de un torneo muy discutido. En el instante
preciso, mostró su hambre de gloria.
En este éxito mucho tuvo que ver el grupo humano. Desde 2000, cuando la
mayoría de los hoy ya fogueados jugadores daban sus primeros pasos en
Primera de la mano de Lisandro Sylvestre Begnis, Gabriel Sarrabayrouse y
Daniel Nassini, comenzaron a cambiar la historia en base a trabajo, sacrificio
y humildad, anteponiendo la camiseta por sobre todas las cosas.
“Muchos de nosotros venimos juntos desde que jugábamos en el arenero y
veíamos a la Primera como algo lejano. No hay que ser mago para adivinar
que nos conocemos mucho y bien”, confesó Galo Della Vedova, capitán del
equipo, para dar una idea de la homogeneidad del grupo. Esa amistad sólida,
de años, se notó en la solidaridad del grupo.
La experiencia también tuvo mucho que ver. Con ella superó con éxito
situaciones traumáticas y supo transformarlas en algo positivo, en lecciones
aprendidas. “Hay jugadores que crecieron mucho y esa experiencia de cómo
manejar los tiempos de un partido se notó en la definición del torneo”, recalcó
el capitán.
A esta afirmación se le puede agregar que en la conducción, Magín Moliné
aportó muchísimo para que el libreto se respetara a rajatabla y le transmitió
confianza a sus compañeros. Muchas de sus actuaciones resultaron clave y
fundamental su aura dentro del grupo. “Ya tengo dos torneos jugando como
apertura y otros tantos como centro. Jugar de 10 me gusta y además lo tengo
a Magin que sabe llevar un partido, genera espacios... sólo es cuestión de
seguirlo”, dijo Juan Ignacio Rivas a la hora de hablar de su pareja de medios.
Al hablar del medioscrum, a su turno, Aníbal Schiavo destacó que “cuando
llegamos a Primera nos encontramos con gente como Magín que supieron
canalizar nuestras ganas para lograr todo esto que estamos viviendo desde
hace algunos años”.
Fuente: Diario La Capital
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