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26 de Febrero de 2008

El rebelde del tenis

 

Martín Vassallo Argüello es sinónimo de política en el circuito. En una extensa charla
contó cómo vive un deportista combativo en un ámbito asociado a los lujos.




El prejuicio (jocoso) dirá que el tenis sabe poco de izquierdas -hace cosa de tres años la BBC
daba a conocer un informe que hablaba de la decadencia de los zurdos en el circuito, con
Rafael Nadal como excepción- y que todo portador de doble apellido tiene muy poco de
popular. Pero cierto día apareció, en realidad una tarde de junio en París, un argentino que
no bailó un tango sino que ganó un partido y escribió cuatro letras en el lente de una
cámara de televisión.

La historia es más bien sabida. Fue en Roland Garros 2006 que Martín Vassallo Argüello
dio a conocer al mundo su nombre -y ahí nomás su forma de ver la vida- al eliminar al
local Sebastián Grosjean y firmar "HLVS", que traducido significa "Hasta la victoria
siempre", el lema de Ernesto "Che" Guevara.


La anécdota dio la vuelta al mundo, porque este tenista nacido en Temperley hace 28 años
explicó que el "Che" y su enunciado representaban para él una fuente de inspiración.
"Es una frase tomada de un tipo muy inteligente y como esa hay muchas. Otra
que recuerdo es abajo y a la izquierda está el corazón; por abajo entiendo humildad
y por izquierda, solidaridad"
, se explayaba Vassallo en la conferencia de prensa
post-partido. Y a esa altura adie entendía casi nada…

No por ignorancia, sino precisamente por eso de que el deporte en general, y
el tenis en particular, no son terrenos por los que circulen con frecuencia demasiadas
proclamas políticas.
Más bien es todo muy sutil, silencioso, cuando no más banal.
Siempre alguno rompe el molde e ignora el precepto de que las banderas partidarias
dividen más de lo que suman. Tiempo atrás contábamos la historia del futbolista
Cristiano Lucarelli, hincha rabioso del Livorno y afiliado al Partido Comunista italiano.

En el tenis ese lugar lo ocupa Vassallo Argüello. Y si bien contará que respira política desde
chico, fue casualmente en Italia desde donde puso el guiño en su dirección y gestionó un
posible ingreso al equipo cubano de Copa Davis. En realidad, él recibió la invitación y a
partir de ahí movió, tarea de la que se ocupó Alberto Castellani, su entrenador de entonces
que estaba ligado a movimientos de izquierda en Italia. Aún no se ha podido concretar,
no será fácil que suceda.

-¿Hoy, casi dos años después, creés que la gente te reconoce más por la famosa firma que
por haber llegado a los octavos de final de Roland Garros?


-Es un poco de todo. Para mí fue un gran orgullo haber llegado a esa instancia viniendo de
la qualy. Fue la primera vez que tenía un resultado así. Después se generó un poquito más
de revuelo por el tema de la firma, ya que algunos lo empezaron a comentar. A muchos les
sorprendió, la mayoría no sabía que a un tenista podía interesarle la política. Fue un tema
del que se habló mucho. Pero a mí, tenísticamente, RG me dejó una experiencia muy positiva,
cada vez que me recuerdan el torneo lo hacen por la forma en que jugué y no por mi forma
de pensar.

-¿No te sentís un poco sapo de otro pozo?

-En el mundo del tenis hay de todo… es muy raro. Te toca lidiar con gente de mucho dinero,
de mucho poder, y en muchos casos parece que fuera imposible hacerlo compatible, pero yo
no pienso que sea tan así. No creo que tener plata te convierta en un capitalista egoísta o
en una persona que no se preocupa por el otro. En lo que más me diferencio no es en el
modo de pensar, sino en el modo de tenerlo bien enmarcado, tan ubicado en una ideología
o en una estructura. Los demás tienen actos que se podrían ubicar en distintas ramas de
pensamiento pero a lo mejor no la tienen tan identificada. Hay gente que hace donaciones
o partidos benéficos y no se declara ni de derecha ni de izquierda.

-¿Qué respondés cuando alguien te dice 'che, vos pensás así pero jugás al tenis
y ganás mucho dinero'?


-Conozco gente de muchísimo dinero que tiene una forma de pensar hacia el prójimo muy
solidaria. Lo que más nos acerca a la gente, y a ser coherentes con el modo de pensar, es
ser sensibles a los problemas que tienen los demás. No creer que la vida sea nuestro circulito
y nada más. Podemos ayudar de muchas maneras, no sólo económicamente. El hecho de
estar al tanto de lo que sucede ya es un modo. Yo trato de ser lo más coherente posible. Por
supuesto que hay reglas de juego, como en este deporte, que las tengo que seguir. Es decir,
si tengo que jugar en contra tuyo te tengo que ganar, no podemos dividir 50 y 50. Hay cosas
que chocan, pero no fuera de la cancha.


Vassallo habla pausado (que no significa lento), mide cada palabra, se preocupa porque
cada oración mantenga cohesión con la anterior, vuelve sobre lo que dijo quince minutos atrás
para conjugar ideas. A veces se apasiona, abre los ojos. Te mira fijo el tipo. Es veraz. Se
puede estar de acuerdo, más o menos de acuerdo o nada de acuerdo con lo que dice. Pero se
le cree.

Cultor del "tenis pobre", término que eligió para describir las características de la camada menos
popular de La Legión (en la segunda parte, habrá más sobre esto), es uno de los que impulsa,
en los recreos de los torneos y mientras otros se divierten con la PlayStation o las cartas, las
charlas sobre política. Lo relató el año pasado desde Munich, cuando le tocó escribir el blog de
la ATP. Leo Olguín, Marcaccio, Cañas, el Pulpo Etlis, el Gato Hartfield, Oki Rodriguez
y él habían sido los integrantes de una de las tertulias, según enumeró el propio
Vassallo, diestro -con la raqueta- y actual 107 del ránking mundial.


"Se prenden sobre todo los entrenadores", le dice a este medio. "Porque a medida que dejan
de jugar van viendo otras realidades, tienen tiempo de charlar más, de ver la vida desde otro
lado. Tienen hijos, familia y como que ya no es más la raqueta, el encordado, la pelotita....
Ojo, es mentira que los chicos son todos unos desinteresados. Es cierto que el tenis
te lleva a pensar un poco de esa manera, pero todos saben las cosas que pasan y todos
tienen un pensamiento
; lo más difícil es ubicarlos dentro de una posición. Yo a lo mejor tengo
bien claro de donde vengo, que mi familia tiene una gran tradición política. En casa se respira
política desde que yo era chico", agrega.

-¿Tus viejos militaban?

-Mis viejos trabajaron mucho en lo que fue la vuelta a la democracia. Estaban afiliados al
Partido Intransigente (PI), y yo, siendo muy chiquito, iba a las marchas con ellos. En todo el
país había un furor democrático enorme y me acuerdo que en la escuela te hablaban de
política. Había peñas, teatro, bailes, trabajos o partidos de fútbol en las villas. Yo participaba
de rebote porque me llevaban y me divertía.

-¿Y te sentís tan cómodo jugando al fútbol en la villa como dando vueltas
en el circuito y codeándote con gente que a lo mejor se te acerca por interés?


-Sí, tranquilamente. El tema es saber diferenciar a qué viene cada uno, qué quiere. Hay gente
que se te acerca porque te admira, otra porque te quiere ofrecer un negocio, o porque quiere
algo tuyo… Y hay gente que necesita un '4', y entonces te llama para que juegues por derecha.
El tema es disfrutar de esas cosas que te ofrecen. Me ha tocado estar un fin de año jugando
un partido al costado de una vía, sin que nadie supiera quién era, qué hacía o qué dejaba de
hacer. Y lo disfrutaba plenamente.


Una de sus mayores inquietudes pasa por encontrarle coordinación al decir y al hacer. Detrás
de cada concepto, un ejemplo, una idea. Se queja de que "se ha aprovechado muy poco el
impulso del tenis" y asegura que tiene soluciones, aunque le exigencia del circuito le deja
escaso margen de tiempo. "Sí he hecho actividades en las pretemporadas. Por ejemplo,
he ido a algunas clínicas en el interior: a Comodoro Rivadavia, a Ushuaia, a
Mar del Plata"
, cuenta.

Y detalla: "Iba con las escuelas para fomentar el deporte, viendo la posibilidad de que a los
chicos no les cueste dinero. Mediante acuerdos con las secretarías de deportes de cada ciudad,
con la gobernación o las federaciones. Como sea, pero hay que lograr que la gente pueda ver
más tenis en el interior. No puede ser que los chicos se tengan que venir sí o sí a Buenos Aires".

-Cuando cuelgues la raqueta, ¿tenés pensado insertarte en algún proyecto social?

-Me encantaría. Yo veo que se han hecho muchos eventos pero fueron todos para recaudar
dinero para beneficios privados. Además, no puede ser que en todos estos años la AAT no
haya tenido un crecimiento, que la Copa Davis no tenga un estadio fijo, no tenga esa mística
que tenía antes. Son todas cosas en beneficio de algún interés, no del deporte en sí. Nadie
me puede defender que jugar en el Parque Roca tiene más mística o tradición que jugar en
el Buenos Aires. Lo que sí me van a decir es que entran diez mil personas más...

-¿Está descartado lo de Cuba?

-Para nada. Igual, más que nada lo vi como un acto de afecto más que una posibilidad real
de que se concrete, porque hay muchos pasos a seguir. Hay que tener una residencia, una
propiedad que no tengo... Es todo muy burocrático, y por ahora nadie tiene ganas de hacer
una chanchada, de inventar un papel y decir 'bueno, pasaste a ser cubano'. Pero sí fue
muy lindo haber recibido llamados en casa y una invitación formal.

-¿Qué opinás de la renuncia de Fidel Castro?

-Creo que hizo bien. Está claro que ya no tiene la fuerza, sobre todo física, para hacerse cargo
del gobierno. Principalmente por la forma en que lo hacía él, de un modo tan activo, con tanta
participación. En realidad, creo que a lo que más renuncia es a eso, ¿no? Pero habría que
esperar un tiempo para ver si cambia o no la política de fondo.

Fuente: Infobae

 

       

 

 

 
 
 

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