| |
|
5 de Septiembre de 2007
"Yo jugué para la historia"
Guillermo Vilas, el mejor tenista argentino de todos los tiempos,
habló a 30 años de la conquista del US Open.
"Fue un día con mucho sol y a la noche refrescó bastante", recuerda Guillermo Vilas
30 años después, sentado en el jardín del sector de jugadores del US Open.
Curiosamente, en un día caluroso que empieza a darle paso a una brisa fresca.
Vilas se lleva la memoria a poca distancia del Billie Jean King National Tennis
Center. Más exactamente al West Side Tennis Club, de Forest Hills, donde un 11
de septiembre, pero tres décadas atrás, saltaba en una cancha de arcilla porque
acababa de ganar el Abierto de los Estados Unidos.
Ese 1977 fue el gran año del mejor tenista argentino de la historia. Esa temporada
ganó también Roland Garros y llegó a la final en el césped australiano. Dieciséis
títulos en total. El número 1 del mundo no reconocido por la ATP por los caprichos
matemáticos de entonces, pero sí por aquella famosa tapa de la revista World Tennis.
"Hay dos tipos de deportistas: los que van para el lado del dinero y los que van para
el de la historia. Yo jugué para la historia", dice Vilas.
"¡Hola!", saluda por detrás Andanin, la hija de Vilas, que sigue correteando por el
pasto, mientras la mamá y mujer del protagonista, Piang Pathu, la sigue sin parar.
Vilas no interrumpe los recuerdos. Vuelve a ese día "que no es el 11 de septiembre
de hoy", en clara alusión a los atentados que hicieron de ese día una memoria sin
fronteras. Pero ahora se trata de su tenis. "Cuando gané me abracé con un tipo. Yo
estaba muy feliz. Y pensé que era argentino. Hasta que el tipo me dice: Estuviste
chévere, Guillermo. "
Después dirá: "Ese año 77 se dio todo a favor. Fue el año de los récords". Y saca a
relucir el de los 46 triunfos consecutivos, y desecha el de los éxitos en polvo de
ladrillo, que superó Nadal.
"El West Side está muy lindo. Mantienen la historia. El césped está bárbaro y el
estadio bastante destruido. Pero claro, es un club de mucho dinero. No necesitan
arreglar la cancha", dice Willy, que estuvo estos últimos días allá, donde su figura
decora la pared de la escalera que conduce a un salón de caballeros.
Tiene un lamento guardado: "Yo pensé que después de eso iba a tener muchas
posibilidades de hacer cosas en la Argentina, pero no. Tengo el club, del que estoy
orgulloso, pero quería tener una influencia más grande, escuelas, ser capitán de la
Copa Davis. Ahora, lo que armé afuera es muy grande".
Dice que Federer es otro de los que juegan para la historia, como lo hizo él. "Yo
pagaba fuerte un entrenador, vivía para el tenis. Y ganar los Grand Slams era todo.
A un jugador le das a elegir entre 40 Key Biscayne y un Roland Garros y se queda con
París", grafica Vilas, que realza el trabajo de Juan Ignacio Chela y Juan Mónaco con
sus entrenadores, Mariano Monachesi y Francisco Mastelli.
Andanin recupera a su papá, bronceado y vestido de negro, como siempre. Atrás
quedó el partidazo que Tommy Haas le ganó a James Blake y que Vilas vio desde el
palco oficial. Atrás también quedan los recuerdos. Vilas se va. "Estoy muy orgulloso de
todo eso", dice con su estilo. Y el pasado y el presente se funden.
Fuente: Diario La Nación
|
|